PUBLICIDAD

Día Ironman

Ocurre un día al año. Siempre en mayo. Desde que amanece y hasta medianoche, el esfuerzo de unos y la solidaridad de otros con ellos llenan Lanzarote de la fraternidad deportiva más espectacularidad y emotiva. Cerca de mil setecientos deportistas de casi una cincuentena de países de todo el mundo estarán durante todo el día de hoy haciendo deporte en la isla, bajo un sol que brilla esplendoroso y poco viento, poniéndose a prueba en una competición que lo es, sobre todo, contra uno mismo.

La gran mayoría sólo aspira a acabar esos 3,8 kilómetros de natación, 180 kilómetros de bicicleta y el maratón de 42 kilómetros. Sólo con nombrarlas, me agoto. Ya por separado son retos difíciles de cumplir, cualquiera de ellas tres; juntas, son cosa de hombres (y mujeres) de hierro. Y de eso se trata. De sentirse un superhombre, de sacar lo mejor de cada uno, de luchar contra los miedos y la baja autoestima, escarrancharse y ponerse a nadar, pedalear y correr como un jabato. Es impresionante. Y bellísimas todas y cada una de las imágenes.

 Desde que salen con sus trajes de neopreno al amanecer, con la Playa Grande, de Puerto del Carmen, llena de miles de personas, además de los atletas de los hierros. Familiares y amigos, venidos de todas las partes del mundo, gritan en diferentes idiomas los nombres de los héroes de su hogar. Nombres de chicos y chicas que compiten salen de gargantas emocionadas de padres, hermanos e hijos. También de amigos y novias. Hay calor humano, además de sacrificio físico, de esfuerzo muscular y sudor incontenido.

 El Ironman de Lanzarote es una prueba superlativa. En 21 ediciones, empezó en el año 1992, con apenas 148 participantes y con todas las dudas e incredulidad de estos esfuerzos supremos, ha demostrado ser una prueba de hierro ella misma: cada edición más fuerte, más numerosa, más competida, más seguida, más aplaudida, más voluntarios, más de lo más de los más. Se ha convertido en un atractivo turístico, en una fuente de riqueza, además de una prueba de renombre. Fue la puerta de la apuesta de Lanzarote por el turismo deportivo de calidad. Y en eso están.

 Impresionantes las imágenes de los miles de triatletas nadando, pedaleando, corriendo. Igualmente impresionante, las filas de las cientos de bicicletas esperando la llegada de su deportista. Es cosa de personas con capacidad de esfuerzo, abierta a hombres y mujeres. A profesionales y a aventureros desconocidos.

 Recuerdo aquellos años iniciales donde los lanzaroteños apenas mirábamos con incredulidad la prueba. Era algo inalcanzable. En cambio, ya son muchos los lanzaroteños que, sin grandes antecedentes deportivos, se han dedicado durante un año a prepararse el ironman y lo han hecho. Y lo vivieron como la realización de un sueño. Sufriendo, aguantando, convenciéndose  de que se podía cuando el cuerpo emitía señales de no dar para más. Descubrieron la satisfacción de hacer lo que se cree imposible, disfrutaron de la consecución de un objetivo y presenciaron cómo el cuerpo y la mente se necesitan mutuamente para cumplir los sueños. En estos momentos de dificultades económicas y sociales, el ironman es toda una metáfora que invita a prepararse y a resistir. Ellos ya están en la bicicleta, pedaleando por todo la isla. Les espera luego el maratón. Pero, sobre todo, saben que una hay meta, una línea que les convierte en realidad un sueño.

Comments are now closed for this entry