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El guasón de la Justicia

Estamos viviendo momentos realmente difíciles. A las angustias del personal, de todos en general, por la situación en la que nos han dejado estos mercados en manos mucho más invisibles que las enunciadas por Adam Smith, se suma un descrédito generalizado. Se pierde la confianza en todo y de forma vertiginosa. Cada día te encuentras a más personas quemadas laboralmente, asfixiadas económicamente y desilusionadas moralmente. No quiero ser pesimista, simplemente intento describir un panorama que es, ciertamente, sombrío. En general, sin profundizar y sin más pretensiones que contextualizar lo que sigue.

Leo apesadumbrado la sentencia que condena al archiconocidosuperfamoso magistrado de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón. Estoy así por lo que leo pero también por lo que oigo. Demasiado ruido, excesivas banderías en esa España rancia que desde que puede se abre en dos. Surgen las filias y las fobias tapando de pasión la razón. Y me pierdo, y me angustio, y me desoriento y me resisto a dejarme llevar por la simple marea marcada por los del pro y los del contra. Portadas azules y rojas para estar a favor o en contra del apartamiento de Garzón del juzgado. A unos les importa un bledo el historial de juez comprometido, fajador e ilusionado con su trabajo. Con todas las luces y las sombras que se quiera, pero allí estuvo Garzón luchando contra terroristas, narcotraficantes, blanqueadores de capitales y aceptando caso de lesa humanidad para perseguir el delito fuera de las mismísimas fronteras españoles. ¿Lo hizo por lucimiento personal? No lo sé. Pero lo hizo. Y con resultados realmente brillantes. Para él y para la justicia española y, por ende, para la credibilidad de la democracia española.

 

A los otros, en cambio, no les importa si prevaricó al autorizar las grabaciones de las conversaciones de los presuntos corruptos de Gurtel encarcelados con sus abogados. Ni si con ello ponía en entredicho el derecho a la defensa, pilar básico en un estado de Derecho o, en riesgo, la condena de los presuntos delincuentes por emplearse medios de investigaciones judiciales ilegales.

 

No me gustan ni los unos ni los otros. Ni los que lo condenaron antes del juicio ni los que lo convirtieron en imputable universal. Los dos postulados están fuera del derecho y muy dentro de los corazones de estas dos ensordecedoras españas del bien para mí y el mal para ti.

 

El final de Garzón es realmente lamentable y complejo. Cuando arrecian las críticas populares al sistema judicial español porque no se condena con la suficiente dureza a criminales horrendos, cae de forma contundente uno de los magistrados más reconocidos de ese propio sistema. Y lo hace a manos de siete magistrados, del máximo tribunal ordinario español, del Supremo, y por unanimidad. En esta ocasión, los jueces sí comen carne de jueces. Pero, si en otros casos, se les hubiese achacado corporativismo si lo hubiesen declarado no culpable, en esta ocasión se tiene la sensación de que han atacado al juez que la mayoría de ellos miraba con recelo, a la oveja negra de un rebaño acostumbrado a actuar como manada y a ser realmente desconfiado con los jueces estrellas. ¿Pero ni uno?¿Ni un voto particular? Asombroso. Enemigos no sé, pero sí parece que no tenía muchos amigos en el Supremo.

 Quien vivió durante más de 20 años como un referente de la justicia española, ha vivido, en los últimos tiempos, pendiente de una sentencia judicial. Ya la tiene: culpable. Y le quedan dos más. Y, sinceramente, viendo con la dureza que han redactado esta sentencia no apuesto por un resultado más positivo en ellas para Garzón. De todas formas, con esta condena basta para acabar con su buena estrella. Quienes creían en Garzón lo hacían creyendo en la justicia y es está quien le vilipendia con la mayor crudeza que ha podido.

 Todo suena a guasa de la mala. Y no está la cosa como para ponerse a buscar al guasón de la justicia.  

elperiodicodelanzarote.com