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Yo no quiero ser Pedro

Yo no quiero ser Pedro de Armas San Ginés. A pesar de que es rico, y eso mola un montón, yo no quiero ser Pedro de Armas. Aunque sé que tiene un barco de ensueño para cualquier ciudadano normalito, yo no quiero ser Pedro de Armas y mira que mola tener un buen barco en una isla, donde el mar es la principal zona de esparcimiento. Yo no quiero ser Pedro, a pesar de que me encantaría poder dedicarme un año sabático (nada que ver con los que llevan un año sin trabajar porque están al paro) recorriendo islas, países y zonas de fiestas del litoral atlántico americano, incluido la parte sabrosona de El Caribe.

Y no quiero ser Pedro, a pesar de todas esas cosas, porque no me gusta el perfil del Pedro hecho a sí mismo, de maneras cuestionables, ni tampoco su historial político. Vamos, no me gusta nada su peregrinaje por la política que comenzó de la mano de Dimas Martín, y al frente de los Centros Turísticos (donde lo pilló la muerte de César que lloró en directo en Radio Lanzarote)  y sigue (¿y acabó ya?) en el PNL con entrada y salida incluida de CC. Tampoco su enroque en la Presidencia del Cabildo, los asesoramientos a José Francisco Reyes ni sus juergas políticas con el otrora compañero de Coalición Mario Pérez. No me gusta su lengua de trapo para culpar a los demás de delitos no demostrados ni la frialdad con la que se presta a estos juegos. En cambio, cuando le tocan a él se le saltan las lágrimas como cuando aquello del Ocean King. Lloró cuando murió César, lloró cuando lo del barquito que venía de Africa, cuando reconoció, entre lágrimas, que era un ñanga, ¿llorará ahora también cuando vuelva de América? ¿Lo hará por morriña de las playas del Caribe o por vergüenza o simplemente para remarcar su papel de víctima?

 No quiero ser Pedro porque me gustan los políticos vocacionales, comprometidos, sensibles socialmente y este concejal de Arrecife no puede serlo si prefiere estar cuatro meses en América, con el acta secuestrada, en lugar de ayudar a los ciudadanos, aunque sea con sólo con su presencia, porque poco puede hacer desde la oposición y como único concejal de su partido. No quiero ser Pedro porque a lo largo de su vida ha hecho lo necesario para pasar de empleado de una empresa turística sin apenas fortuna a propietario del establecimiento. No quiero ser Pedro por esa y mil razones que callo pero que Pedro conoce.

 No, no quiero ser Pedro. No, qué va, Pedro nunca. Pero tampoco como sus actuales enemigos, como esa panda de hipócritas que se han montado una película tan llena de manipulaciones y medias verdades con la intención de montarla a lo grande. En realidad, ellos no es que quieran ser Pedro, ellos ya son como Pedro. Y no se paran ante nada. Y da pena, por ejemplo, que los mismos que promueven desde el Ayuntamiento este ataque a Pedro  por gastarse 1200 euros con el teléfono móvil de la institución, hayan liberado a otra concejal de la oposición por más de 2.000 euros mensuales, a pesar de que está enfrentada a su partido, para no hacer casi nada, sólo para tener un apoyo, si es necesario, para seguir gobernando. Es abominable. Son todos unos Pedro. Y me atrevo a decirlo porque ni Pedro ni ellos quieren ser yo. Y precisamente eso es lo que me anima a seguir con esta carga que es ser yo a pesar de todos los pesares.

 

 

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