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Hazme sonreír

 

 

En el negocio del fútbol se pagan auténticas millonadas por deportistas que hacen goles, el gol está más cotizado que el dólar, el euro e incluso está por encima de la sociedad que se hunde en la bolsa de valores del ser humano. Con el tiempo, tendremos que pasar por una tienda y rascarnos el bolsillo para comprar alegrías y sonrisas.

La realidad nos apabulla y desconcierta, pero sobre todo, la indiferencia e inacción nos sobrepasa. El mexicano Juan Rulfo, en su compendio de cuentos ‘El Llano en llamas’ (1953), clásico de la literatura latinoamericana de obligada lectura al menos en mi época de educación secundaria, ilustra la violencia multiforme, al punto de naturalizarla y no llegar a reconocerla como una conducta deliberada de fuerza física y verbal para causar daño.

Siendo corporativista, recuerdo que hace dos semanas Israel mató, por matar, a seis periodistas en Gaza que estaban reunidos en una tienda de campaña, pero la denuncia internacional fue más bien tenue, muy a pesar de que nos rasgamos las vestiduras todos los días dizque en defensa de la libertad de expresión e información veraz, en un mundo dominado por la desinformación y la guerra mediática.

La desnutrición y el hambre continúan sembrando aún más terror entre la población civil  palestina que acude a los puntos de distribución de ayuda convertidos en trampas de la muerte, allí, en medio de la miseria, sigue cayendo gente acribillada que mendiga comida. Estamos resignados a conocer el número de asesinatos del día mientras las potencias y poderes del planeta se esconden en la cápsula de la inmovilidad ante esta masacre absurda. El genocidio está naturalizado y ni el Papa León XIV llama las cosas por su nombre como lo hacía Francisco. ¿Por qué la máxima autoridad de un Estado tan poderoso como el Vaticano no se planta en Israel?

Uno de los países con mayor consumo de cocaína del mundo, como Estados Unidos, que no ha hecho lo suficiente para combatir el mercado interior de compraventa de drogas, ahora resulta que despliega buques de guerra frente a la costa venezolana y otros recursos militares al Caribe con más de cuatro mil hombres, según justifica, para enfrentar las amenazas de los carteles latinoamericanos, señalando de narcotraficante al presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, en una intentona más de desestabilización a los gobiernos “rebeldes” de la región que ni regalan sus recursos ni permiten injerencias extranjeras.

Y nos intenta vender “legalidad” y “derechos” el presidente del país que no solo apoya a Israel en su campaña de exterminio del pueblo palestino e invasión definitiva a la Ciudad de Gaza, sino que se burla del genocidio y hace planes de futuro en territorio ajeno con su compinche Netanyahu. Todo esto esta sucediendo cuando solo han pasado cinco años de la lección terrenal que nos asestó el covid, la pandemia que nos haría “mejores” personas.

Y mientras que España sufre los incendios forestales más destructivos de su historia, con una crisis medioambiental sin precedentes que deja en quince días cerca de 400.000 hectáreas de  superficie calcinadas, pueblos desalojados, y lo peor, personas fallecidas, nos encontramos con gobiernos de las comunidades autónomas afectadas que tiran balones fuera para no asumir sus responsabilidades, que las tienen, en prevención, gestión y extinción de incendios forestales, hasta que declaren el nivel 3 de emergencia, que será cuando el Estado asuma esas competencias con independencia de los recursos técnicos y humanos de ayuda que despliega a las zonas afectadas.

Y no contentos con escurrir el bulto en sus responsabilidades políticas pasándose por la bragueta la Ley de Montes, asumen con orgullo la técnica trumpista de desacreditación de instituciones donde no gobiernan o entidades que no dirigen, lanzan campañas de desinformación y repiten mentiras para construir su propia realidad.

Lo que hemos tenido que escuchar en plena emergencia es increíble, aunque tachar de “pirómana” a la directora general de Protección Civil, en un contexto de emergencia por incendios forestales, es la bandera de la incoherencia y la ruindad. No le gustó al señor Elías Bendodo, un alto cargo orgánico del PP nacional, que la directora de Protección Civil incidiera en la falta de petición anticipada  de recursos por parte de las comunidades autónomas gobernadas por compañeros de su partido, así no se le ocurrió otra cosa que disfrazarse de Trump y ponerse frente a los micrófonos para vomitar estupideces.

Tiene razón el filósofo José Antonio Marina al decir que ante el virus mental que niega la posibilidad de un conocimiento verdadero, la opción es cultivar mucho más el pensamiento crítico. Y es verdad, somos vulnerables ante manipuladores experimentados que no distinguen entre hechos y ficción. Después de una semana de tanta lluvia de mierda desinformativa, sonreí en el concierto de la joven canaria Belén Álvarez y su propuesta artística Lajalada, ella tan natural como su música, que disfruté en espacio abierto dentro del ciclo itinerante Yaiza Naturaleza Sonora.

elperiodicodelanzarote.com