Logo

Por la libertad en los centros educativos

Los centros de trabajo han de ser lugares adónde los empleados acudan a desarrollarse profesionalmente durante su jornada laboral. El desarrollo profesional conlleva armonía, comunicación, empatía y respeto. Sin embargo, por desgracia, nos encontramos con centros a los que los trabajadores van con miedo, miedo que se instala en el ambiente y que fomentan normalmente los jefes.

Algunos centros de enseñanza son ejemplo de este ambiente nocivo provocado por la soberbia, la falta de sensibilidad y de valores democráticos de miembros de equipos directivos. Que conste que no todos los equipos entran en este saco afortunadamente.

Llegamos a ver centros donde  los directores llega a disponer hasta de delatores, que se encargan de comunicar al “líder espiritual” (director) del instituto o colegio con quién habla o qué habla tal empleado para luego ir con chismes al jefe y ejercer represalias puteándole como sea.

El miedo se percibe con claridad en gran parte de la comunidad educativa en el supuesto de que al frente de la dirección haya un “sátrapa”, un “dictador” o un “reyezuelo”, al que se le ha subido el cargo a la cabeza de tal manera que se imagina ser dueño más que de un colegio o de instituto de un “cortijo” (esto es tener la imaginación lesionada). Estos tipos, que no deberían ostentar el cargo de representantes de la Administración en el centro de ninguna manera, en algunos casos llevan más de quince o veinte años en el poder, tiempo que se nos antoja excesivamente largo, porque suele dar lugar a conductas perversas y corruptas muchas veces y que los de arriba en ocasiones no quieren ver.

Los trabajadores  van con miedo a algunos colegios e institutos y es necesario erradicar conductas hostigadoras, amedrentadoras y mafiosas por parte de algunos jefes para evitar este escenario.

En muchas ocasiones es tal el estrés que genera este ambiente, que los empleados tienen que pedir una incapacidad temporal. Algunos deciden acabar voluntariamente con su vida por no aguantar más la presión terrorífica que irradian esta especie de “líderes espirituales”al frente de algunas direcciones de colegios e institutos.

Al frente de dichas direcciones han de estar personas comprometidas con el servicio público, con valores, que accedan conforme a los principios de igualdad, mérito, capacidad y publicidad. Asimismo, que tengan gran dosis de ética profesional  y de empatía.

Por la  democracia, la libertad, la transparencia, la seguridad jurídica y contra el caciquismo en los centros educativos públicos.

Jesús Manuel Díaz Lorente, delegado de CSIF Canarias

elperiodicodelanzarote.com