Logo

Conectar con la realidad

Invitado por mi buen amigo, Salvador Martínez Rompeltien, a quien no le alcanza el tiempo entre sus compromisos como docente de la UNED, el ejercicio de la abogacía y su participación no solo en un par de entidades sin ánimo de lucro, sino en una red que teje asociacionismo e interacciones entre colectivos para mejorar el bienestar de distintos sectores de la sociedad, asistí el pasado 28 de mayo, en la localidad de Puerto del Carmen, al encuentro Redes que Transforman, publicitado como un foro para profesionales que impulsan la comunidad y la innovación social.

Siempre que puedo, me gusta participar de estas reuniones donde se aprende y debate sobre problemáticas sociales con opiniones plurales y se exponen experiencias de calle que dan lugar a reflexiones, y que incluso llegan a cuestionar nuestro comportamiento individual por las implicaciones que tiene en el andar colectivo. Autocrítica necesaria.

Me gustó especialmente la charla ‘Claves para humanizar en tiempos de desconexión’ impartida en un lenguaje cercano por la catedrática de psicología social de la Universidad de La Laguna, Naira Delgado Rodríguez, con quien además luego tuve la oportunidad de intercambiar opiniones sobre extremos de la deshumanización que terminan desconectándonos de la terrible realidad.

Interesante, por supuesto, escuchar a una persona con habilidades comunicativas que lleva investigando desde hace más de 20 años el comportamiento social del ser humano y la necesidad de sensibilizar sobre la cooperación. Eso que repetimos todos los días, pero que aplicamos poco o nada.

Un ejemplo simple, cómo nos cuesta mirar a un mendigo (a) y cruzar nuestra mirada  con esa persona que duerme y come en la calle. Por lástima, o peor, por indiferencia o por lo que sea, preferimos hacernos como que no lo hemos visto y apuramos el paso para eludir que existe otra realidad, o más bien, esa realidad.

Los medios de comunicación y nosotros mismos deshumanizamos los hechos a través del uso del lenguaje. “Llega otra patera a la costa”, suele ser un titular en medios de comunicación y una frase que pronunciamos con desdén. Reducimos la existencia de seres humanos a la cita de una embarcación precaria obviando las personas que viajan en ella y el drama de cada historia, el negocio que hay detrás de las travesías de África a Europa y  los intereses que esconde la industria del control migratorio.

Sobre esto último, la Fundación porCausa denuncia la aprobación en marzo pasado por parte del Parlamento Europeo del texto base de los reglamentos de retorno a negociar con el Consejo y los Estados miembros, incluyendo la creación de centros de deportación en terceros países, fuera de la Unión Europea, lo que supone toda una vulneración de los derechos fundamentales de las personas que alcanzan la costa europea.

La periodista experta en migraciones, Patricia Macías, advierte que esta regulación permitiría la expulsión de personas extranjeras a un país que no sea el suyo. “El texto permite la deportación de menores, la separación de familias y privación de libertad de quienes no sigan un código de ‘buen comportamiento’ durante el proceso de deportación”.

Dejamos de ver a los demás como seres humanos y cuesta demasiado entender lo que otros sienten y necesitan. También hablamos mucho de empatía, pero como pasa con la cooperación y solidaridad, mucho blablablá, y en la práctica, poco o nada.

Nosotros mismos nos sentimos como números, y lo repetimos y normalizamos: “para la empresa y los bancos somos simples números”, estamos convencidos de que somos solo una pieza necesaria en el engranaje de la producción y comercialización de bienes y servicios.

Lo interpretó con el arte de forma magistral Charles Chaplin, en 1936, en su película ‘Tiempos modernos’. El film, muy recomendable para quienes no lo hayan visto, es una historia que retrata la mecanización y deshumanización del mundo frente a la sociedad más vulnerable en tiempos de la llamada gran depresión de la revolución industrial. La deshumanización no es del pasado, no hablamos de la esclavitud o del holocausto, la estamos viendo en el genocidio imparable de Israel en Gaza o la cacería de inmigrantes en USA.

No nos vayamos muy lejos, la deshumanización también es darle el rol de superhéroes a los profesionales sanitarios como lo hicimos en la pandemia y lo seguimos haciendo con los médicos especialistas y de atención primaria pensado que pueden atender cincuenta y más pacientes por jornada, sentados frente a un ordenador y casi sin poder hablar con el paciente. No ofrecer los recursos suficientes y darles el trato de máquinas incansables sin tiempo para su recuperación emocional los atropella. Ejemplos llueven, así que abramos un poco nuestros ojos y  pensamiento.

elperiodicodelanzarote.com