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En un mundo de Lolas Lolitas y Sofías Surfers, Tías se convierte en un capítulo de Black Mirror

 

 

La juventud de Tías no necesita menos oportunidades. Necesita más. Y, precisamente por eso, cualquier recurso que sirva para impulsar la creatividad, el talento o la expresión artística de los jóvenes debe ser bienvenido. Una sala de grabación puede ser una herramienta útil para quienes quieren acercarse al mundo de la música, la comunicación o la creación audiovisual. Pero la pregunta es otra: ¿es eso suficiente?

En un mundo dominado por las redes sociales, por los filtros, por los algoritmos, por la exposición constante y por referentes digitales que marcan tendencias entre miles de jóvenes, reducir la política juvenil a ofrecer espacios donde crear contenido parece, como mínimo, incompleto.

Hoy los jóvenes no solo necesitan lugares donde grabar. También necesitan herramientas para entender el mundo en el que están creciendo.

Vivimos en una etapa en la que muchos adolescentes y jóvenes construyen parte de su identidad mirando una pantalla. Comparan sus cuerpos, sus vidas, sus planes, sus amistades y hasta su felicidad con lo que otros publican. Y lo hacen en un entorno que casi nunca muestra la realidad completa, sino una versión editada, rentable y muchas veces inalcanzable de la vida.

En ese contexto, nombres como Lola Lolita, Sofía Surfers y tantas otras figuras del mundo digital no son el problema. El problema es no entender que representan un cambio profundo en la forma en la que los jóvenes se relacionan, consumen, se informan y se perciben a sí mismos.

Por eso, una sala de grabación puede ser positiva, sí. Pero no puede ser la gran respuesta de una política juvenil si no viene acompañada de formación, acompañamiento y prevención.

¿Dónde están los talleres sobre salud mental y redes sociales?

¿Dónde están las charlas sobre autoestima, presión estética y comparación constante?

¿Dónde están los programas para enseñar a los jóvenes a distinguir entre contenido, publicidad, manipulación y realidad?

¿Dónde está la educación digital para hablar de privacidad, huella en internet, dependencia del móvil o consumo compulsivo de redes?

¿Dónde están los espacios para escuchar de verdad a los jóvenes de Tías y no solo para fotografiar nuevas instalaciones?

 

La juventud no necesita únicamente que le den un micrófono. Necesita que alguien le ayude a entender el ruido que tiene alrededor.

Porque crear contenido puede ser una oportunidad, pero también puede convertirse en una presión. Porque tener una cámara delante puede abrir puertas, pero también puede alimentar inseguridades. Porque estar en redes puede ser una herramienta profesional, pero también un espacio de ansiedad, comparación y sobreexposición.

Y si hablamos de oportunidades reales, también debemos hablar de empleo, vivienda, formación, transporte, ocio saludable, participación y salud mental. Hablar de juventud no puede limitarse a inaugurar recursos llamativos. Hablar de juventud exige conocer sus problemas reales y actuar con responsabilidad.

Tías necesita una política juvenil más ambiciosa. Una política que no se conforme con poner medios técnicos a disposición de los jóvenes, sino que les ofrezca criterio, protección, orientación y futuro.

La sala de grabación puede ser un buen punto de partida. Pero no debería venderse como si fuera la gran solución. Porque en un mundo de Lolas Lolitas, Sofías Surferas, filtros, tendencias, likes y vidas aparentemente perfectas, los jóvenes de Tías necesitan mucho más que un espacio para grabar.

Necesitan espacios para crecer sin perderse por el camino.

elperiodicodelanzarote.com