Eclipse electoral
- MANUEL GARCÍA DÉNIZ

Las elecciones locales ya están a la vuelta de la esquina. Cada vez se oyen y se ven de forma más clara los juegos previos de políticos y aspirantes. Después de la festividad de Los Dolores, a mediados de septiembre, comenzará ya una carrera que no acabará hasta el recuento nocturno de la fecha electoral en mayo. Será una carrera llena de trampas, de medias verdades y un montón de mentiras. Será difícil moverse en esa jungla de mensajes, que busca más adormecernos por unos días que ofrecernos soluciones reales a los problemas que tenemos y que siempre hemos tenido y que nunca se han visibilizado convenientemente en una campaña electoral.
Estamos ahora en el momento procesal oportuno en el que se están creando los perfiles de cada uno. El partido crea la imagen que quiere que el electorado tenga de su candidato. Muchas veces acaba distorsionando de tal manera el verdadero perfil del aspirante que cada aparición es una palada más en su sepultura política. Al mismo tiempo, los políticos contrarios están creando también el perfil de sus candidatos y el de su rival a batir. En el mismo escenario, se mezcla lo que es realmente el candidato, lo que quieren sus partidarios que parezca y lo que sus rivales dicen de él. En muchos casos, es igual de difícil confirmar la autenticidad. Y en eso se concentran los estrategas de unos y otros.
Se trata de hacer creíble el mensaje, el que sea. Si la verdad es increíblemente buena, no sirve. Si es increíblemente mala, viene bien. Al final, se trata de buscar la proximidad al votante no por lo que son los candidatos sino por lo que es el elector. El elector no conoce la realidad del candidato, escondido siempre en un galimatías diseñado con dinero público sin límite, pero sí conoce su realidad, sus carencias, sus sueños frustrados y sus aspiraciones espoleadas por sus deseos pero negadas por sus posibilidades. La batalla del político, más que darse a conocer, es encontrar ese filón lleno de sentimientos, ilusiones y frustraciones de los votantes para conectar con ellos. Para hablarles de esas cosas, para decirles cuánto se merecen y qué poco se les ha dado. No buscan un ser perfecto para adorarle, buscan a un hombre o mujer capaces de desnivelar la balanza de sueños/frustraciones con ilusión.
Y ahí está parte del engaño. El elector no vota al que mejor conoce, al que sabe que podrá afrontar los retos con mayor holgura. Desgraciadamente, acaba votando al que mejor lo conoce a él, el que ha sabido hacer de su información personal y social un amasijo electoral que cristalizará en las urnas. Evidentemente, ese trabajo está hecho para ganar las elecciones y no para solucionarles nada. Ese proyecto acaba la noche electoral. Lo que viene después, en los cuatro años de mandato, va a tener mucho más que ver con quienes son ellos, los candidatos, no quienes nos decían que eran ni quienes nos repudiaban desde su rivales, sino sus verdaderos yo. Y, claro, nos seguirán diciendo lo mismo que en la campaña, lo que nosotros queremos oír, pero harán lo que ellos quieren y nunca nos contaron.
Por eso es tan importante conocer a los candidatos, sus ideas y su trayectoria. Al margen de lo que ellos sepan de nosotros. Si te dejas engatusar, ganan ellos. Es como el eclipse, por unos minutos la luna, al estar más cerca de nosotros, no nos ha dejado ver el sol. Pero el grande, el que nos da vida y es una verdadera estrella es el sol. Al margen de lo bonito que fuera la fugaz estampa de la luna.