Dios hace y deshace
- Alex Salebe Rodríguez

Supongo que como Dios tiene el poder absoluto sobre todas las cosas y actúa según su propia voluntad, el presidente de Colombia tuvo la brillante idea de endosar al todopoderoso la culpa de que el país sufriera el devastador terremoto del pasado 10 de agosto. A todas estas, la Iglesia calladita, no sea que se revuelvan las aguas turbulentas de la pederastia.
Abelardo de la Espriella, el tigre de Temu, dijo sin despeinarse que el terremoto había sido una “decisión” de Dios. Lo dijo un ateo convertidísimo al catolicismo cuando decidió ser candidato presidencial, supongo que también atendiendo el llamado divino. Solo espero que el Cristo Rey que tanto invoca, lo ilumine porque su gestión de la emergencia sigue siendo nefasta, y la del país, ha empezado con sombras nada más, como la canción del mexicano Javier Solís.
Para la derecha y la derecha ultra, la deidad también se ha convertido en la figura para justificar acciones que atentan contra el derecho fundamental a la vida y otros derechos. Imagino que por el dios que fuese o todos los dioses juntos vale matar a más de 70.000 personas en Gaza o dejar morir de hambre a niños y niñas y sin asistencia sanitaria a miles de personas.
Líderes políticos y militantes de base con intereses clientelistas usan cada vez más la religión como herramienta para conseguir votantes, e incluso, para rechazar avances sociales. Demuestran que ni tienen principios ni creen en doctrinas, y su objetivo no es ni mucho menos la conversión espiritual, su objetivo es instrumentalizar la fe y buena voluntad de las personas creyentes como un vil recurso de poder para ganar dinero directamente o favorecer intereses de terceros que terminen satisfaciendo su codicia.
Fíjense, que cada vez que se acercan elecciones, aparecen políticos y políticas por todas las procesiones y romerías habidas y por haber, representantes públicos electos y no electos a los que nunca se les ve el pelo un domingo en misa o haciendo una obra de caridad, al contrario, para algunos su fijación es atacar a sectores vulnerables de la población, también como forma de captación de votos, pero, eso sí, en año electoral, agobian a cristos, santos y vírgenes, y como el cura se descuide, hasta la pulserita de España made in China son capaces de encasquetar.
La eutanasia, el aborto o el matrimonio entre personas del mismo sexo y la adopción conjunta forman parte del debate político de sectores reaccionarios como derechos que cuestionan la moralidad. Allí meten a Dios, la religión y a quien haga falta sin mirar al espejo su comportamiento personal. El que peca y va a misa empata.
Quienes destruyen el mundo con sus políticas de muerte y sumisión, saqueo de recursos naturales, invasiones, atentados medioambientales y ataques a personas y familias vulnerables, pretenden ahora ser nuestros maestros de ética.
Estamos viendo a matones, desinformadores, mentirosos, corruptos, pederastas y misóginos alzar la bandera de la justicia y la decencia, son los dioses terrenales que van a enderezar el mundo con lamebotas imitadores regados por América y Europa. En España, tenemos muy buena cantera.
La religión es un claro instrumento de movilización política, y mientras tanto la Iglesia católica permanece calladita, a pesar de que pierde fuelle frente a templos evangélicos que se multiplican por los barrios. Y por qué tan calladita, será que comparte el discurso político y “social” de la derecha y derecha ultra, como lo comparten otras religiones con legiones de pastores lavacerebros, activistas religiosos, que reproducen abiertamente el alegato de la catástrofe y, seguidamente, la redención ofrecida por los fascistas. El discurso de que esto está hecho una mierda, pero aquí estamos nosotros para salvarlos. Hay connivencia entre las fuerzas políticas de derecha y derecha ultra y las organizaciones religiosas.
Ya lo he escrito varias veces, seguro que es más honesto trabajar, proponer iniciativas y ejecutar proyectos educativos, sanitarios, culturales y de infraestructuras públicas que aprovecharse de la devoción para influir en la opinión pública. Y ya el pretender establecer la frontera entre lo moral e inmoral, viniendo de quienes vienen, con un palmarés destacado de obscenidad, es una burla descarada a la sociedad.