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Más allá del Lulazo

 

 

La victoria en segunda vuelta de Luiz Inácio Lula da Silva, a punto de cumplir 81 años de edad, sacudió el tablero político global y dio oxígeno a la izquierda latinoamericana. Su reválida como presidente, contra encuestas, algoritmos, pronósticos y análisis de expertos, deja a Brasil, cuatro años más, en manos de un trabajador con amplísima experiencia y trayectoria política.

Lula tiene a la vista su cuarto y último mandato en el gigante sudamericano, siendo una de las figuras referentes del progresismo latinoamericano y mundial. Junto a él, es inevitable citar a la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, el expresidente colombiano, Gustavo Petro, y cómo no, el ya fallecido Pepe Mujica, expresidente uruguayo, político austero y humanista, como pocos, que debería ser ejemplo para servidores públicos de cualquier ideología.

Lula estuvo al frente de Brasil de 2003 a 2011, en dos periodos continuos,  volvió a la presidencia en 2023 y asumirá su nuevo mandato el 5 de enero de 2027. En una semana, han llovido análisis sobre los factores que influyeron en la remontada que le pegó al hoy fugitivo Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente y golpista ultraderechista condenado, Jair Bolsonaro. La mayoría de ellos se centran en la estrategia de  campaña destinada a reforzar su figura y mensajes en redes sociales, especialmente, a través del canal de whatsApp Ejército de Lula.

El periódico digital El Salto hace un extenso y minucioso análisis titulado ‘Tecnopolítica a la altura de los tiempos’. Es verdad, que este texto habla primero de la movilización de la juventud, que la estamos viendo de forma escalonada en países de América y Europa, por el derecho a la vivienda digna, la sanidad y educación pública y en contra del alto coste de la vida, y en España, tenemos el símbolo de la protesta pacífica de la acampada de Sol en Madrid, pero el artículo otorga buena parte del éxito de Lula a la estrategia digital implementada por André Janones, uno de sus más cercanos colaboradores.  

Sin duda, su trabajo sumó, y mucho, para movilizar a la población y alcanzar la victoria, un triunfo que escuece a la USA de Trump e irrita a los partidos ultraderechistas españoles. Todos daban por sentenciada la victoria del fugitivo Bolsonaro, con una lectura de tendencia global de cara a las elecciones generales del 29 de noviembre.

Y así como me pareció supremamente interesante y argumentado el análisis de El Salto, escrito por Javier Toret, investigador de inteligencia artificial y geopolítica, y Rocío Guerrero, economista especializada en ciencia de datos e inteligencia artificial, que sobre la campaña de Lula, aseguran: “será estudiada como un punto de inflexión en las estrategias de movilización política”, también me gustó el artículo, igualmente recomendable, de Fernando Buen Abad, publicado en la web de TeleSur, bajo el título ‘Tapar con el árbol de la propaganda el bosque de los triunfos electorales’.

Este investigador mexicano, especialista en filosofía de la imagen, filosofía de la comunicación, crítica de la cultura, estética y semiótica, nos invita a reflexionar sobre el liderazgo de Lula y su lucha incansable nacida en las entrañas de la clase obrera: “En Brasil ganó una mayoría electoral que decidió conferirle a Lula un mandato, no una agencia publicitaria que habría conseguido programar a millones de personas”.

Sin restar importancia a la comunicación política en redes sociales ni a las estrategias de campaña, Abad centra la victoria de Lula en su liderazgo, trabajo por reducir desigualdades y la soberanía democrática del pueblo brasileño, que, sostiene, “no puede reducirse al repertorio técnico de quienes diseñan campañas, ni la representación política confundirse con una relación de obediencia entre electores manipulados y especialistas omniscientes”.

Y tiene razón, no podemos caer en la “emboscada ideológica” de reducir las victorias populares exclusivamente a la tecnología y estrategias de propaganda. El Sindicato de Inquilinas provocó, a partir de sus acciones para intentar frenar el desahucio de Maricarmen, la acampada en Sol y toda una movilización social en España, que puso el foco del discurso político en la especulación, a costa de un derecho que se le está arrebatando a la población, y los abusos del mercado inmobiliario, hasta el punto de forzar la convocatoria anticipada de las elecciones generales y la huelga general prevista para el 11 de noviembre.

Las redes han servido para multiplicar el mensaje y ayudar a sensibilizar al pueblo sobre un problema que afecta a la mayoría, un problema que exige ya una intervención profunda de parte de las administraciones públicas, pero no podemos obviar que el discurso y la acción ciudadana en la calle fueron absolutamente determinantes para despertar conciencias y opiniones. Los ciudadanos y ciudadanas  están siendo los verdaderos impulsores de la transformación social, por mucho que veamos a políticos y políticas empeñados en hacer de figurines en redes sociales.

Por supuesto, necesitamos líderes políticos que materialicen el sentir de la población, no caricaturas inventadas, al que solo escucharlos, dan vergüenza. Recuerda Abad, que Lula tiene a sus espaldas no solo décadas de organización sindical, sino construcción partidaria, políticas de beneficio común, memoria democrática y confrontación a los poderes económicos y mediáticos. Su victoria tiene mérito, entidad y pasado.

elperiodicodelanzarote.com