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XXXIV Festival Internacional de Música de Canarias: el principio del fin

El pasado viernes se presentó en Las Palmas la 34 edición del Festival Internacional de Música de Canarias y, como era de esperar (visto el acoso y derribo mediático sufrido en la anterior edición), se ha evidenciado que el Gobierno ha optado por volver al pasado, probablemente con la intención de contentar por fin a los antiguos abonados y al lobbie de Las Palmas.

Esta vuelta a la versión más casposa del Festival sólo puede entenderse desde tres puntos de vista: El Gobierno quiere dejar morir el Festival, el Gobierno quiere que la prensa le deje por fin en paz lo que queda de legislatura, o, rizando el rizo, ambas cosas.

El FIMC está huérfano y a la deriva, y no parece que se deba a que en la actualidad no disponga de director o directora. Muchos son los que creen que el Festival va a la deriva prácticamente desde sus orígenes, pero, durante la época de vino y rosas, y bajo la dirección de Rafael Nebot, los derroches y los lujos nos encandilaron, hasta el punto en que se llegó a pensar que “Canarias” (entiéndase Las Palmas y Santa Cruz) brillaba con su Festival como la mismísima Viena imperial.

Posteriormente y desde 2006 (con la incorporación como director de Juan Mendoza), comienza la decadencia y descenso en caída libre, motivado principalmente por las grandes pérdidas anuales. Así, por ejemplo, en el año 2009, y a pesar de tener uno de los presupuestos más altos de su historia, se produjeron también las mayores pérdidas económicas (gasto ejecutado: 6.357.996,65 €. Resultado: -1.205.000,00 €).

Las grandes pérdidas anuales, el escaso público asistente, la falta de arraigo en el territorio, el descenso del número de abonados, la falta de personal especializado en Canarias Cultura en Red, así como la falta de una dirección política clara, hacen que el Festival no haya parado de deteriorarse en los últimos 10 años, y que, en estos momentos, con este “retorno” al pasado, posiblemente el Festival esté llegando al fin de sus días.

Como ya dejé reflejado en la memoria de casi 300 páginas que entregué al Gobierno al finalizar mi trabajo como coordinador del Festival el pasado mes de abril, sería necesario y urgente replanteárselo absolutamente todo: el modelo de festival, su forma jurídica, la profesionalización del equipo humano, la presencia en el territorio, el compromiso con la educación y con los artistas canarios, la captación de nuevos públicos, el marketing y la comunicación, el patrocinio y mecenazgo…

El modelo diseñado por Jerónimo Saavedra hace 33 años ya no sirve. Hoy en día ese modelo no es ni sostenible ni rentable (entendiendo la rentabilidad como un concepto poliédrico: económica, social, educativa, política…).

Los Festivales de música clásica españoles que sobreviven con prestigio nacional e internacional, como el de Granada, Perelada, San Sebastián o Santander, hicieron los deberes hace muchos años y se modernizaron. Todos tienen personalidad jurídica propia y un equipo humano de profesionales dedicados exclusivamente al festival. Todos han adaptado el modelo de festival atendiendo a sus necesidades culturales, sociales, educativas y territoriales. Todos programan pensando en los públicos, en todos los segmentos (edades, nivel cultural, preferencias…).

Nuestro Festival se ha quedado descolgado del mundo y se ha convertido prácticamente en un evento local, sin conseguir siquiera llamar la atención de la mayoría de los canarios.

El camino iniciado la pasada edición era un camino hacia el futuro. Por primera vez en 33 años se democratizó el Festival, se multiplicaron los conciertos en todo el territorio, la oferta musical se extendía a todas las épocas, se tuvieron en cuenta a los artistas y creadores canarios como nunca antes, se hizo una apuesta por la educación y la divulgación… y se bajaron los precios hasta un 47%. Ese es el camino del siglo XXI en Canarias, en España, en Europa y en el mundo.

Para finalizar este artículo, una pequeña comparativa demostrativa de las ediciones de 2017 y 2018:

Analizando estos datos, que van en contra de toda lógica política, sólo se puede llegar a una conclusión: El Gobierno no se atreve a tocar un Festival que, pese a que lo pagamos todos los canarios, nunca ha controlado.

Resumiendo, se vuelve a un repertorio de los siglos XVIII y XIX. Los artistas y creadores canarios prácticamente desaparecen, incluidas las dos Bandas Municipales (los conciertos más rentables y mejor valorados en la pasada edición). La presencia del Festival en las islas no capitalinas es testimonial, con la excepción de Fuerteventura, que disfrutará las mismas orquestas que Las Palmas y Santa Cruz.

Ahora sólo queda esperar a que, una vez finalizada esta “nueva” edición, se hagan públicos todos los datos reales (como sólo sucedió en la pasada edición).

Como dijo Albert Einstein: si buscas resultados distintos no hagas siempre lo mismo.

Y humildemente añado: si buscas siempre lo mismo, ese es el inicio del fin.  

Comentarios  

#2 Perplejo 29-09-2017 10:50
Pero vamos a ver, este es el Festival que dejo programado y firmado por la anterior Consejera sin añadidos, me quedo perplejo ante la absoluta amnesia que padece el coordinador. Con visitar las hemerotecas no hay más que hablar. Y se le olvida que el ha sido también Gobierno y sigue tirando piedras a su tejado.
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#1 Ros 27-09-2017 22:35
Pues si. Pese a quien le pese la apuesta de un nuevo modelo es lo que necesitaba Canarias. El arcaico ya se sabe que solo era admirado por quienes pueden permitirse ver y oír aquí o en Viena. Con el déficit cultural que tiene Canarias todavía hay clasistas que pretender manejar la gestión cultural para su beneficio propio y el de sus contados amigos. Con agujero económico incluido el pasado festival era una oportunidad para abrir brecha en el subdesarrollo Sociocultural de nuestras islas.
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