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Una salida en el Cabildo

De desconocidos a políticos destacados (y III)

Si dedicara este artículo únicamente a la transformación experimentada por los políticos novatos de esta corporación en el Cabildo de Lanzarote la cosa sería demasiado fácil. Y corta. A pesar de que hubo una mayor concentración del voto, y del reparto de los consejeros, pasando de ocho partidos representados a cuatro, la gran mayoría de los consejeros nuevos son ya políticos, más o menos conocidos, como concejales en distintos ayuntamientos, aunque, es verdad, que algunos de ellos en oposiciones marginales sin ningún foco mediático. Si abro el abanico, y acepto como nuevo a todo aquel que es consejero por primera vez en el Cabildo, estaría tratando a la propia presidenta, María Dolores Corujo, como una novata cuando ya había sido antes concejala, alcaldesa, diputada y hasta portavoz (¿o portavoza?) del Parlamento de Canarias. Así que tiraré por el camino del medio y valoraré novatos y no tan novatos según me convenga y plazca, que para eso dedico mi tiempo a estos ingratos menesteres, que siempre dan más enemigos que amigos. ¿Por qué siempre los políticos piensan que son verdaderas las cosas buenas que les dices o escribes y, en cambio, siempre creen que hay una confabulación contra ellos cuando les dices o escribes las malas?

De los 23 consejeros, en realidad han pasado 24 porque Nona Perera cedió, desde que tuvo oportunidad, pronto/muy pronto, su silla a Jorge Miguel Peñas, ocho se podrían considerar novatos para el fin que nos ocupa. Que fueran realmente desconocidos y podamos medir ahora su nivel de popular. De los cuatro grupos, el PP no tiene a ninguno. Tira de uno que ya era consejero y tres concejales, uno de Arrecife y dos de Tías, para ocupar los primero cuatro puestos, que son los que salen elegidos. En el caso del PSOE, practica la misma técnica y los cinco primeros puestos los tiene ocupados por repetidores de cargo, entre consejeros que acompañaron el mandato anterior a Pepe Juan, tres de cinco, y recuperan a otra que fue concejala y consejera hace una década. Hasta los nueve consejeros que obtuvieron quedan cuatro que podrían considerarse novatos. De los ocho que sacó Coalición, solamente una podría calificarse así mientras que Lanzarote en Pie Sí Podemos Equo aporta tres al análisis, a pesar de que solo saco dos consejeros. Esta fuerza de la izquierda no podía aportar mayor porcentaje de novatos: de dos que sacaron, tres eran novatos.

A Nona Perera, que abandonó el cargo, antes de tener oportunidad de mostrar las mínimas intenciones en el plenario, apenas se puede valorar. Salvo para decir que utilizó la puerta del Cabildo para acabar en el Gobierno de Canarias. Que prefirió la experiencia profesional y fardar en su sector que comprometerse con lo prometido en el Cabildo. Fue una pena que nos evitara disfrutar de lo que era un Podemos liderado por una mujer de aquí, con raíces profundas en esta isla y defensora de nuestras tradiciones, patrimonio y cultura frente al Podemos anterior, de hijos de inmigrantes peninsulares de primera generación y peninsulares residenciados. No tengo nada contra los residentes lanzaroteños nacidos en otros lugares, sean de la Península, de Inglaterra, Italia, de Marruecos o de la Cochinchina. Todos tenemos los mismos derechos. Pero sí tengo muchas cosas a favor de no perder el vínculo con las viejas generaciones de esta isla, que crearon paisajes como La Geria,  que educaron a gente como nosotros, y se partieron el lomo para habitar esta isla cuando era más fácil pasar hambre que enfermarte en una marisquería siendo político ahora.

Sinceramente, me hubiese gustado ver a la novata Nona haciendo política, pero prefirió olvidarse de la palabra dada a sus electores y embarcarse para el Gobierno de Canarias, para seguir en su querido patrimonio histórico, ahora como jefa y señora de la Viceconsejería. Y, ahora, cuando se acaba lo bueno, anuncia volver a pedirnos “la voluntad”, en este caso al Ayuntamiento de Arrecife. ¿Para volverte a ir, Nona, si se presenta la oportunidad? En fin, los arrecifeños sabrán en quiénes confían. Pero que sepan que la primera vez que te engañan la culpa es del otro; la segunda, es tuya.

Los otros dos consejeros de Podemos, Myriam Elisabeth Barros Grosso y Jorge Miguel  Peñas Lozano, ambos con un importante desconocimiento de la isla, han tenido la oportunidad de mostrar su insignificancia política tanto en la oposición como en el gobierno. Aunque ha sido en el gobierno, al pactar con el PSOE, donde han dejado el tufo a rancio peor. Estoy por pensar que Jorge Miguel, que estaba bien valorado cuando no tenía cargo y ejercía como asesor de Marcial Nicolás Saavedra en Tías, estará echando pestes del día que dimitió Nona y entró en el Cabildo, respaldando las incoherencias mal hilvanadas y peor leídas de Myriam Barros. Es verdad que todos tenemos derecho a ser políticos, pero a estas alturas ya todos deberíamos tener un mínimo de instrucción lectora y capacidad de análisis. Que está bien que las kellys lleguen a la política pero estará mejor todavía si nos preocupáramos por pagar bien y formar adecuadamente a estas señoras, no sé si hay también hombres, que recogen y limpian habitaciones hoteleras. Para remate, tanto Jorge como Myriam, demostraron tal sumisión a la presidente socialista  e insolidaridad y falta de decoro en el trato a su consejera no Electa, Elena Solis, que hasta sus electores parece que se alegran de que ya le hayan puesto fecha al regreso a sus casas definitivamente.

De la consejera novata de Coalición Canaria, Tania María Ramón Espinosa, nada se puede decir porque nada ha hecho. Creo que con una línea queda dicho todo. Y cuando todo es nada, nada es todo.

 

Y después están los cuatro sorprendidos del PSOE. Hacía muchos años  y mandatos que el PSOE no pasaba de cinco o seis consejeros en el Cabildo. Incluso, en el 2011, se quedó con apenas cuatro. Así que los que ocupaban puestos soñados por el partido pero no conseguidos, tienen un perfil más bajo. Quizás la que mantiene su perfil al nivel que tenía cuando llegó sea María del Carmen  Guadalupe García, que se mueve entre ferias de artesanía y similares, sin más pena que gloria. No ha metido la pata pero tampoco ha brillado. En terminología gomera, Oº grados, ni frío ni calor. En cambio, Alberto Aguiar Lasso, que abandonó su línea crítica defendida en Tías para abrazar de lleno el “Corujoespinismo”, se ha posicionado bien. El hecho de que sea profesor y hombre contenido, le ha ayudado a coger por los cuernos un sector tan delicado como la Cultura y ganar peso en el equipo de gobierno. Los miles de actos que organiza el Cabildo le ha dado  visibilidad y credibilidad. Tiene pinta de buena persona y tiene todas las cartas para repetir en puesto de salida. El tiempo dirá si es lo que pinta y María Dolores si repite.

Los otros dos, Rosa Mary Callero Cañada y Hugo Ricardo Delgado Cañada han demostrado seriedad y entrega. En el caso de la abogada Rosa Mary, ha desarrollado un trabajo interno considerable, aunque no haya tenido tanta exposición pública como se merecería. Hugo, en cambio, es Hugo. Un hombre de buenas vibraciones, que quiere hacer, y que quizás tendría que tener más peso. Se le ve con voluntad.

No es fácil que destaquen los novatos en los grupos largos, con muchos miembros, y con muchos con experiencia anterior. Los listos suelen negociar con la presidenta sus competencias mientras que los novatos están a la espera de recibir lo que la presidenta quiera. Hay un mundo entre esos dos juegos. Un novato con más formación y mejor perfil para llevar un área que el veterano que la lleva, está más cerca de la calle que de ese despacho. Por eso es bueno saber gestionar las emociones, pero imprescindible ocultar las ambiciones. La mayoría de las grandes bajas en la política se dan en la trinchera amiga. Si eres demasiado malo  te cuestionarán, si eres demasiado bueno te echarán al momento. Esa es la única manera de que se eternicen en cargos casi vitalicios mediocres de campeonato.

En el caso del PSOE, que ha sido el partido que ha estado gobernando desde el principio del mandato, el problema que habitualmente tienen los novatos se ha extendido también a los veteranos e, incluso, a los funcionarios. La mayor equivocación que cometió Loli fue la primera que tomó María Dolores (Al ser elegida presidenta, impuso su nombre completo a diferencia de antes que usaba Loli, más fresco y cercano).

La elección de Carlos Espino como su jefe de gabinete significó un salto demasiado peligroso. El que había sido su asesor, su hombre campaña, el que consiguió que “la niña psicóloga concejala de pueblo” estallara como una política de nivel y de techo incierto se convierte, además, en quien controla a todos los consejeros, a los funcionarios, las visitas y hasta a la propia presidenta. Y lo hace más al estilo chino que americano. Espino demostró que es un buen asesor, que Dolores tiene una deuda impagable con él, pero ahora también demostró que su plan para convertir el Cabildo en el motor del cambio de la isla es ninguno. Todos los que despachan con él en el Cabildo lo dicen. “Espino lo controla todo, con Espino no sale nada”, es la frase más repetida en la Casa Amarilla grande. No sé si María Dolores ha pensado alguna vez eso, no sé, si quiera, si ha pensado en el cambio que hizo Pedro Sánchez, cargarse incluso al asesor que monitorizó su llegada a la Moncloa desde la travesía del desierto, para zafarse de ataduras que le impedían alcanzar sus objetivos. Quizás sea el momento de hacer a Espino asesor vitalicio, de elevarlo a condición de mecías, con sueldo y trato preferente, pero lejos de la gestión política pública, fuera del día a día del hacer administrativo. Quizás, sólo quizás, sea el momento de dejarnos de poesía electoral para embarcarnos en la prosa más práctica y dinámica para sacar a Lanzarote de la parálisis, la guerra y la inactividad y podamos así alcanzar objetivos más concretos, más socialdemócratas, aunque no sean la utopía del catecismo imposible. Es el momento de valorar salidas. Lo leí en un cartel del Metro de Madrid: “Antes de entrar, dejen salir”, creo que decía.

A lo mejor son cosas mías. Pero sólo por eso no dejan de ser ciertas.

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