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Más tango que Marsellesa

 

 

Mi hijo Mateo nos avisó desde el sábado: “mañana lloro si pierde Argentina y lloro de felicidad si Messi gana su Mundial”. —No es para tanto le dijo mi mujer—, pero él, un chaval de 18 años que le gusta el deporte y vinculado como jugador del Club Unión Sur Yaiza desde los cuatro añitos, no tardó en reaccionar: “con Messi he disfrutado del fútbol desde niño así que es normal que lo sienta”.

El fútbol a veces no entiende de merecimientos y Argentina, que le dio un baile de 80 minutos a Francia en la finalísima del Mundial de Catar desdibujando por completo a la selección dirigida por Didier  Deschamps, tuvo que ganar su tercera estrella en los penaltis porque en un par de minutos se esfumó la ventaja que disfrutaba de dos goles, como se esfumó en la prórroga la nueva ventaja con el tercer gol en la bota derecha del zurdo D10.

El título de Argentina vuelve a dejar en ridículo a la caverna mediática española, especialmente a “periodistas” bufanderos de la capital del reino vinculados al Real Madrid, “periodistas” que no soportan el recuerdo de la dictadura, con títulos y buen juego, de una década del Barça comandado por Messi en una era dorada inolvidable construida por el catalán Pep Guardiola.

Ya le dije a Mateo que el autógrafo que le dio Leo aquel día que Paco Seirul·lo, un profesional del deporte enamorado de Lanzarote, nos invitó a un entrenamiento del Barça cuando era preparador físico del equipo de Guardiola, tiene ahora mayor valor del que él piensa.

Decía antes que Messi deja en ridículo a la caverna mediática por sus comparaciones obscenas con Ronaldo, no el verdadero, o en este último tiempo con un crack como Luka Modrić, que tras quedar eliminado con su  Croacia frente a Argentina no tuvo reparos en declarar que el mejor de la historia se merecía un Mundial.

¿Cómo llena ahora la caverna páginas de periódicos y horas de televisión? Debe ser duro y difícil seguir proclamando estupideces, como debe ser difícil para los “periodistas” a sueldo de políticos crear confabulaciones, pero tienen jeta unos y otros.

Soy sincero, como suramericano, prefería una final Argentina – Marruecos, la gran revelación del Mundial, aunque la final Argentina – Francia casi que también fue un bonito e histórico partido entre América y África, o cuántos jugadores franceses son de origen africano.

Pasa página el Mundial de Catar con el reinado vigente de Messi hasta que el cuerpo le aguante, pero tampoco puedo olvidar aquello que escribí en mi artículo antes de empezar el Mundial: ‘Cementerio catarí, y es que más de 6.500 personas murieron en las obras de construcción de los ocho estadios del pasado Mundial, cuyo presupuesto organizativo se estima en 200 mil millones de dólares, y ni un minuto de silencio por esos obreros.

Ganó Argentina, suena más el tango que La Marsellesa, y tango es Carlos Gardel, curiosamente francés de nacimiento y nacionalizado argentino, que  en las letras de su ‘Tango de la muerte’ canta “no tengo amigos, no tengo amores, no tengo patria, ni religión, solo amargura tengo en el alma, juna malaya mi corazón”.

 

 

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