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Los defectos de Astrid

 

La popular Astrid Pérez está a puntito de completar el primer mandato de alcaldesa de Arrecife. Desde hace cuatro mandatos, ningún alcalde ni ninguna alcaldesa había completado los cuatro años en el Ayuntamiento de Arrecife.

Vamos, que empezaba uno y acaba otra o similar. Desde que Isabel Déniz se estrelló contra con la realidad de que sin el PIL su peso de pugilato era el de pluma, allá por el 2007, nadie más había completado uno. Así el mandato de 2007-2011, lo empezó el socialista Enrique Pérez Parrilla y lo acabó el popular Cándido Reguera, ambos tristemente ya fallecidos. Cosa parecida pasó en el de 2011-2015, que lo inició Cándido Reguera pero lo acabó el nacionalista Manuel Fajardo Feo. Y la cosa continuó muy parecida en el de 2015-2019 que, sin cambiar de partido, lo empezó el socialista José Montelongo y lo acabó, de aquella manera, la también socialista Eva de Anta. Así que la líder del PP, con apenas 6 concejales de 25, y llevándose igual de mal con sus dos socios mayoritarios, ha sabido mantenerse en las aguas revueltas y complejas al frente de la Alcaldía de Arrecife. Y aspirar a la renovación del sillón, cuatro años después de ocuparlo, como la que más probabilidades tiene de ganar las elecciones.

Astrid Pérez tiene defectos, posiblemente muchos, y aquí hemos hablado largo y tendido de ellos en otros artículos. Pero tendremos que encontrarle alguna virtud para explicar su contoneo político delante de tantas fieras sueltas, con organizaciones mucho más implantadas que la suya entre los trabajadores de las administraciones locales, muchos de ellos aupados a sus puestos por los partidos que monopolizaron el poder lanzaroteño en los últimos veinte años, y también en los medios de comunicación locales. Ella no deja de quejarse de esa realidad, pero tampoco para de intentar que esa situación no sea determinante.

 Sin ir más lejos, ha sido la única que ha convocado a un austero desayuno navideño, tres truchas, unos cafés y media docena de trocitos de bocadillos, a la prensa y ha pasado dos horitas contando su librito pero también aguantando los comentarios de los periodistas que, ante la escasez de viandas, optaron por hablar. Otras, en cambio, ni hacen desayuno, ni se atreven a comparecer a entrevistas abiertas en tertulias de máxima audiencia, prefiriendo para sus mensajes los escenarios pactados con fondo negro y sonrisa profidén. Son estilos, pero no cuadran con la derecha decimonónica que quieren vendernos y los progresismos del siglo próximo que se autoproclaman.

Evidentemente, Astrid tiene muchas cosas que corregir pero tener que reconocerle que ha sido la alcaldesa que ha abierto el primer comedor social municipal me vuelve a trastocar los pasitos del baile político. Todavía es peor si me la encuentro por la Calle Real y veo como se le acercan vecinos y vecinas de Arrecife para felicitarle, darle ánimos y, claro, pedirle que solucione no sé  qué acera de qué calle en qué barrio. Aquellos que no se den cuenta del salto que ha pegado Astrid en estos tres años es que saben de política lo mismo que yo de electricidad. Por si hay dudas, les aclaro que soy de los que llamo al electricista hasta casi para cambiar las bombillas.

Astrid entró en las administraciones hace veinte años con un PP que no pasaba de ser un partido residual en Lanzarote, donde la derecha se refugiaba tanto en el PIL como en CC. Cogió el partido el 2008, hace 14 años, y su liderazgo nos ha hecho creer que su chalana era un velero bien surtido. Su verbo fácil, su facilidad para atacar todo lo que se mueve, tanto dentro como fuera del partido, y su formación jurídica le han dado una credibilidad que nunca tuvo en Lanzarote el PP, españolista y conservador. Pero ella se siente a gusto declarándose de derechas, sintiéndose española, pero, también, transformando Arrecife lentamente, muy lentamente, pero dejando ver que ella puede ser lo que necesita la capital de Lanzarote para empezar a parecerlo. Por el momento, va cumplir su primer mandato. Y nos recordará hasta la saciedad cómo estaba Arrecife cuando llegó, para invitarnos a pensar cómo puede estar dentro de cuatro años si ella empieza un nuevo mandato como está ahora Arrecife.

Astrid tiene muchos defectos y les hablaré de ellos. Pero no permitamos que los árboles no nos dejen ver el bosque.

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