Las enseñanzas de Óscar Torres
- MANUEL GARCÍA DÉNIZ

Óscar Torres, fallecido hoy, fue un gran docente, un incansable investigador y un defensor de nuestra cultura. En cambio, a mí me enorgullece haberle conocido, tratado y departido con él por su enorme valor humano y su inquebrantable voluntad de tapar con una sonrisa las adversidades.
Le conocí muy bien durante la campaña electoral de 2003, que le llevó a ser concejal del Ayuntamiento de Arrecife. Se encargaba en el partido de esa parte engorrosa que nadie quiere, burocrática pero imprescindible. Mientras sus compañeros se iban de mítines, de encuentros con electores, él se quedaba pegado al ordenador entre listas que presentar, delegados y compromisarios que buscar, alejado del mundanal ruido que es una sede electoral en plena efervescencia política. Pero no perdía su risa, su amabilidad, su andar tranquilo y su generosidad.
La misma noche electoral, cuando todos volvían a sus casas, pensando algunos en los cargos conquistados y otros en que habrá que esperar para recibir el encargo popular, él sufrió una repentina enfermedad que le paralizó gran parte del cuerpo. Durante años mantuvo una lucha titánica para volver a disfrutar de la movilidad. Y sin perder la sonrisa, se sometía a horas y horas de rehabilitación. Coincidí con él en rehabilitación, lo mío era una bobada (operación de menisco) y lo vivía yo como un drama. Él, en cambio, se enfrentaba a lo suyo con una valentía enorme, una integridad envidiable. Sonreía al verme, mientras intentaba caminar agarrado a dos barras. A mí me parecía imposible que se recuperara, completamente insoportable el dolor. En cambio, él me hablaba siempre de las mejoras que experimentaba y la ilusión con la que afrontaba aquella lucha solitaria. Y se recuperó.
En un gremio político como el lanzaroteño, donde el narcisismo se mezcla con absoluta normalidad con la ignorancia más interesada y vil, sorprendía encontrarse con un hombre como Óscar Torres, feliz sintiéndose pieza útil en el engranaje ideológico en el que creía y militó. Sin hacer ruido, sin renunciar a nada, sin perder su sonrisa, te daba lecciones insuperables solo mostrándote su trabajo. Los hombres como él pueden pasar completamente desapercibidos, salvo que los conozcas. Entonces, será imposible olvidarles.
Descansa en paz, Óscar Torres Perdomo. Tu legado profesional y personal nos acompañará siempre.