Involución siglo XIX
- Alex Salebe Rodríguez

Anda Europa con la mosca detrás de la oreja, cagadísima, en términos castizos, por las amenazas de Trump de apropiarse de Groenlandia y anexionarla a USA, “por las buenas o por las malas”, justificando el ‘Force One’ esta agresión por “motivos de seguridad nacional”.
La isla más grande del mundo, territorio autónomo bajo soberanía de Dinamarca, estado miembro de la Unión Europea, es con el deshielo, consecuencia del cambio climático que el mismo Trump menosprecia, pero que con sus acciones viene a reconocer, un punto geográfico clave en la apertura de nuevas rutas comerciales marítimas. Además, Groenlandia es rica en yacimientos de metales raros e hidrocarburos y USA pretende mermar la influencia de Rusia y China en la región. Está claro el interés de controlar Groenlandia, como está más que claro el interés de controlar Venezuela y Latinoamérica. Quién nos iba a decir que la vuelta de Trump a la Casa Blanca nos llevaría a la segunda mitad del siglo XIX y el XX, donde primaba la centralización del poder, la limitación de las libertades y la represión para mantener dizque el orden social y los intereses de élite.
Como eran muertos ajenos, nada menos que 70.000, Europa no se tomó en serio y mantuvo y sigue manteniendo una vergonzosa postura de perfil sobre el genocidio perpetrado por Israel al pueblo palestino en Gaza, con el apoyo de papá USA. Ahora, tras el bombardeo a Venezuela y el secuestro de su presidente, Nicolás Maduro, pretende reaccionar al verle las orejas a un lobo cuyo único límite, como lo aseveró con arrogancia, es “mi voluntad”.
Llega tarde y dividida la UE, que parece que lo único que realmente tiene en común es el euro. Europa, distante, tampoco puso mucha atención a la amenaza de Trump de absorber su vecino país de Canadá y convertirlo en el estado número 51 de USA. Canadá está en el top 5, que encabeza Venezuela, entre los países con mayores reservas de petróleo del mundo, así, todos sus movimientos giran alrededor del dinero y el poder, es su orden mundial, el que motiva ataques en nombre de la “libertad”.
Ya no sorprende que diga que otro de sus objetivos es Colombia y su legítimo presidente Gustavo Petro y que luego se retracte, aunque mañana puede volver a la carga, o que advierta que su ejército va a entrar por tierra a México a enfrentar los cárteles del país latinoamericano, mientras que internamente tiene un problema gordo con la producción y distribución de fentanilo.
Si Trump incitó en 2021 a la toma del Capitolio de su propio país, desafiando el orden constitucional y desconociendo la victoria de Biden, aquel 6 de enero, el día más oscuro en la historia democrática del país, es capaz de ordenar un golpe a cualquier nación con menor capacidad de respuesta militar. En este escenario de tensiones, la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, advirtió que una agresión militar de USA contra otro país miembro de la OTAN (Dinamarca) significaría “el colapso definitivo de la seguridad internacional establecida tras la Segunda Guerra Mundial”.
China, la gran piedra en el zapato de USA en la carrera por el poder global, rechazó la agresión a Venezuela, pero más que una simple voz de protesta, como lo hace tímidamente Europa, está tomando medidas económicas. Otra cosa, es que estas no formen parte de la agenda informativa del mundo occidental.
Recogen medios alternativos, que el Banco Popular de China congeló temporalmente todas las transacciones en dólares con corporaciones vinculadas al sector de la defensa estadounidense; su sector energético ordenó la revisión de contratos con proveedores de USA; la petrolera estatal anunció la revisión de rutas de suministro poniendo en vilo contratos millonarios con refinerías americanas; su empresa de transporte marítimo empezó a evitar el uso de puertos importantes estadounidenses, que podrían haber sufrido una caída del 35 por ciento del tráfico de contenedores; China además ofreció a una treintena de países términos comerciales preferentes; puso a disposición una alternativa funcional al sistema financiero occidental y restringió las exportaciones de material esencial para la fabricación de componentes electrónicos, que afecta a grandes empresas americanas de alta tecnología, entre otras medidas; sin disparar un solo tiro.
A todo esto, las petroleras estadounidenses no ven garantías legales y de seguridad suficientes para desembarcar en Venezuela, como lo anunció alegremente Trump. Piden “protecciones duraderas” para la inversión y hoy el gobierno de USA no está en capacidad de concederlas. Falta mucha tela por cortar y hechos por conocer.