El boli pesa menos que los platos
- Alex Salebe Rodríguez

Fue el recordatorio, brillante, que hizo un compañero de trabajo a mi hijo (22 años) al finalizar su segunda aventura laboral en el sector de la hostelería en Lanzarote antes de volver a sus estudios universitarios de Información y Documentación en Madrid después de las vacaciones de Navidad y Reyes. En verano trabajó a tiempo completo, ocho horas, mientras que en estos últimos días de asueto estuvo a media jornada.
No es que la frase clarividente de solo siete palabras nos haya ahorrado los consejos que le damos en el hogar, porque como bien dice la canción ‘Amor y control’, de Rubén Blades, “solo quien tiene hijos entiende que el deber de un padre no acaba jamás, que el amor de padre y madre, no se cansa de entregar…”, pero esa voz de fuera sí que refuerza el discurso que nos transmitieron nuestros padres y que seguro muchos repetimos, con sus matices, a nuestros hijos, hijas o jóvenes, a quienes apreciamos y queremos: aprovechen los estudios al máximo.
Por cierto, el sentido de “control” que le imprime el cantautor panameño a la canción no es de vigilancia, inspección u observación, sino de autocontrol, del control de nuestros impulsos y reacciones, así, describe que “tiene que haber en una casa mucho control y mucho amor, para enfrentar a la desgracia”. Todo en el contexto de una historia marcada por el paralelismo entre el drama de una familia con una madre que padece cáncer terminal y otra familia con el drama de un hijo ladrón y drogadicto: “aquel muchacho y mi pobre madre, dos personas distintas, pero dos tragedias iguales”.
‘El boli (bolígrafo) pesa menos que los platos’ nos dio pie en casa para charlar una vez más sobre la necesidad que tiene la población de leer, formarse, actualizarse, aprender y perfeccionar idiomas o complementar estudios, especialmente los jóvenes, cualquiera que sea el ámbito técnico o profesional u oficio considerado no cualificado, pero también sirvió para abrir el debate sobre la dureza del trabajo de servicio al turismo y lo mucho que cuesta ganarse el salario, en algunos casos, a expensas de la salud.
En otro momento de conversa familiar, mi hijo me dijo que ahora entendía a trabajadores y trabajadoras que preferían no salir a ningún lado, o salir lo justito, en sus dos días de descanso semanales. En España hay personas que llevan veinte y más años cocinando, sirviendo comidas, quitando, lavando y poniendo platos o limpiando habitaciones y baños de complejos alojativos con salarios mínimos.
Este mes de enero, a las puertas de la celebración en Madrid de FITUR, la feria internacional de turismo más influyente del sector, el sindicato Comisiones Obreras denuncia que a pesar de que el turismo aporta el 35 por ciento de la riqueza en Canarias y el 40 por ciento de todo el empleo que se crea en las Islas, la Comunidad Autónoma ocupa el segundo puesto en la tabla de sueldos más bajos del país.
Según expone la organización sindical, el salario bruto medio en España en 2023 se situó en 2.273 euros, mientras que las personas trabajadoras en hostelería alcanzan un promedio de 1.818 euros mensuales. Advierte además de la brecha salarial entre hombres y mujeres. Las mujeres, que representan el 57 por ciento de las plantillas, ganan un 13 por ciento menos que los hombres, unos 173 euros menos en la nómina de cada mes.
Ahora que los empresarios turísticos van a FITUR a jactarse de cifras millonarias, como nos refriegan los bancos que cotizan en bolsa sus ganancias trimestrales, ahora que se cuentan por montones políticos y políticas que van a la feria de Madrid a “trabajar”, unos y otros, deberían al menos tener la cortesía de agradecer y reconocer públicamente en los actos oficiales el trabajo de miles de personas que se parten la cara, el pecho y la espalda en un sector donde destacan tres grupos vulnerables de la población: mujeres, personas migrantes y jóvenes.
Y como ni las buenas palabras e intenciones resuelven las desigualdades, y ya que tanto se habla de turismo sostenible y de la apuesta por un turismo de calidad más que de cantidad, con visitantes de alto poder adquisitivo en detrimento del turismo mochilero, lo justo también sería que FITUR fuese escenario de propuestas formativas y de respeto y mejora de las condiciones de trabajo de quienes llevan el peso de la productividad del sector.