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¿Queremos seguir viviendo de los récords turísticos?

 

 

"El éxito no puede medirse únicamente en millones de turistas o en cifras de ocupación. El verdadero éxito debería medirse en bienestar para la población local, en equilibrio territorial y en calidad de vida. Ordenar el territorio, planificar con visión de futuro y proteger nuestros recursos no es ir en contra del turismo, sino garantizar su continuidad"

"Hay debates que debemos afrontar sin miedo. Uno de ellos es la implantación de una tasa turística con un objetivo claramente finalista. Que lo que se recaude revierta directamente en el bienestar de la población que recibe y acoge, en las personas que lo habitan"

 

Cuando se calman las aguas tras FITUR y la baja la marea de gente, de empresas, de viajes, de titulares y de cifras...  Es un buen momento para detenernos y reflexionar.

Durante varios días, la Feria Internacional de Turismo de Madrid concentra una actividad incesante: pabellones llenos hasta no caber un alma, relatos cuidadosamente construidos para vender destinos y una sensación permanente de urgencia por estar, por contar, por mostrarse en un gran escaparate.

El turismo, al menos como yo lo entiendo, no se construye en unos pocos días ni en un único espacio. El verdadero trabajo se hace a lo largo de todo el año, desde el territorio, desde los municipios y desde la gestión cotidiana.

Fitur es una herramienta útil pero quizá debería consolidarse como un espacio para el trabajo técnico, de profesionales del sector y de poner en el foco su verdadera misión con la que detenerse allí para captar nuevas experiencias, generar sinergias, compartir iniciativas que funcionen y aprender de estrategias que puedan ser adaptadas a nuestra realidad.

En el siglo XXI, el reto no es vivir del turismo sino convivir con él. Especialmente en un momento donde la globalidad lo es todo y poco escapa a su oleaje.

Lanzarote es una isla con recursos limitados. El agua, el suelo y el territorio no son infinitos. Tampoco lo son los servicios públicos ni la capacidad de carga de la isla. A esto se suma una problemática cada vez más evidente en ámbitos como la vivienda, la movilidad o el acceso a servicios básicos. Todo ello nos obliga a mirar el modelo turístico con responsabilidad y a preguntarnos si seguir persiguiendo récords de visitantes es realmente el camino que queremos recorrer.

Está claro que no. El éxito no puede medirse únicamente en millones de turistas o en cifras de ocupación. El verdadero éxito debería medirse en bienestar para la población local, en equilibrio territorial y en calidad de vida. Ordenar el territorio, planificar con visión de futuro y proteger nuestros recursos no es ir en contra del turismo, sino garantizar su continuidad.

Lanzarote ofrece un paisaje, un entorno y unas experiencias únicas. Vivir en esta tierra de volcanes es un privilegio del que me siento profundamente orgulloso. Que personas de todo el mundo quieran conocerla es algo que debemos valorar. Pero precisamente por eso tenemos la responsabilidad pública desde mi cargo como alcalde de San Bartolomé  de cuidar lo que somos y lo que ofrecemos, para que esa experiencia siga siendo auténtica y sostenible en el tiempo y, ante todo, compatible con nuestra forma de vida, con la cotidianidad de vecinas y vecinos.

En este contexto, hay debates que debemos afrontar sin miedo. Uno de ellos es la implantación de una tasa turística con un objetivo claramente finalista.

Ofrecer un destino de calidad no es incompatible con pedir una pequeña contribución a quienes nos visitan. No se trata de prohibir sino de corresponsabilizar. De entender que cuidar un territorio frágil requiere recursos. Y esta es una reflexión legítima y necesaria.

No hablamos de una propuesta únicamente recaudatoria, sino de una herramienta para mejorar la isla y la calidad de vida de quienes la habitan. Estos fondos deben destinarse a ámbitos en los que las administraciones locales sí tenemos competencias, como la materia sociosanitaria, reforzando la atención a mayores y personas dependientes, así como a programas de formación y empleo que generen oportunidades reales y estables.

Del mismo modo, resulta imprescindible invertir en el mantenimiento y la conservación de la isla, especialmente de los parajes naturales protegidos que forman parte de nuestra identidad y de nuestro atractivo turístico, además de mejorar los servicios de información y gestión. Solo así el éxito turístico podrá traducirse en bienestar social, sostenibilidad y futuro para Lanzarote.

Repensar el turismo desde dentro es, en definitiva, decidir si queremos vivir de récords. Y esa es una reflexión que, cuando se apagan los focos de las ferias y se vacían los pabellones, debemos hacer con calma, con honestidad y pensando en el futuro de Lanzarote y de quienes la llamamos hogar.

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