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 Las Fiestas de Arrecife tras la llegada de Echedey Eugenio

 

 Hace no mucho, las fiestas patronales de San Ginés en Arrecife se vivían con distancia. Literal y emocionalmente. Un recinto ferial apartado, al que muchos acudían más por inercia que por sentimiento. Escasa participación en los actos principales, poca identificación ciudadana y una sensación generalizada de que aquellas fiestas no terminaban de ser nuestras.

Aquella desconexión no era solo una cuestión de ubicación, sino de modelo. Las fiestas se programaban, se consumían y se apagaban sin dejar huella, sin que la ciudad las sintiera como propias.

Hoy, la realidad es bien distinta. Las fiestas han vuelto al centro de Arrecife, al corazón de la ciudad. Se apostó por integrar la celebración en la vida cotidiana, llevando las atracciones al solar de Ginory, recuperando espacios accesibles y reconocibles. Se apostó por la música, sí, pero también por algo esencial: por volver a nuestras tradiciones. Regresaron los ventorrillos, ese ambiente cercano que convierte una fiesta en un punto de encuentro y no en un evento aislado.

Ese cambio de filosofía se trasladó también a los barrios. Durante años, una de las quejas más repetidas era la falta de apoyo a las fiestas populares de barrio, con presupuestos limitados y poca capacidad de decisión. Hoy, esa crítica ya no se sostiene. Las fiestas de los barrios han visto multiplicado su presupuesto y, lo que es más importante, la participación real. Son las asociaciones vecinales las que eligen, proponen y cuidan hasta el último detalle, con el respaldo del área municipal, que apuesta decididamente por estas celebraciones como base de la identidad festiva de Arrecife.

Se incrementaron las aportaciones económicas y se peleó, incluso a nivel insular, para dignificar las presentaciones en teatros, algo que antes no ocurría. También se defendió el mantenimiento del patrocinio de los Centros Turísticos, entendiendo que no se trata de un favor, sino de una inversión directa en cultura popular y en identidad.

Durante años, el Día de Canarias en Arrecife se vivía sin más. Un día casi rutinario, sin alma, mientras otras celebraciones foráneas ganaban protagonismo. No era una fiesta sentida ni reconocida como propia.

Desde la llegada de Echedey Eugenio y su equipo, del que tengo la suerte de formar parte, esa realidad cambió de forma evidente. El Día de Canarias se ha convertido en una de las fiestas más grandes y participativas del municipio. Una jornada donde la música, la gastronomía, las tradiciones y la identidad canaria ocupan el centro de la ciudad y del sentimiento colectivo. No es solo una celebración, es una reivindicación de lo que somos.

¿Y qué me dicen de San Juan? Otra fiesta popular ligada a nuestras tradiciones y cultura que permanecía en el olvido.

¿Y La Recova?, ¿quién no se ha pasado por la Recova?, ¿quién no está disfrutando de ella, de la gastronomía de los ventorrillos, de la música? Un espacio que estaba totalmente muerto y desaprovechado, ahora tiene vida. Estamos hacienda ciudad, recuperando espacios para nuestros vecinos. Y lo mismo puedo decir de la recién inaugurada Plaza de Las Palmas. ¿O es que no se pasaron por allí durante las fiestas de Navidad?

El Carnaval merece un capítulo propio. Veníamos de un recinto ferial mal llamado recinto, de un modelo donde la participación de los colectivos era más impuesta que construida. Se apostó por un cambio radical: el traslado de concursos a Agramar, la recuperación de las reinas y la implicación real de murgas, comparsas y colectivos desde el inicio. Las asambleas del carnaval dejaron de ser un trámite para convertirse en un espacio de construcción conjunta, donde se conocen y debaten hasta el último detalle, incluidas las bases.

Y llegamos al momento más incómodo, pero también al más revelador. Porque en la política y en la gestión pública, ni está todo escrito, ni todo son aciertos, ni tus decisiones, como en la vida, gustan a todo el mundo. Lo que marca la diferencia es cómo se afronta cada situación.

En estos días, es justo reconocer a Echedey Eugenio por no haber dudado a la hora de dar la cara, pedir disculpas públicamente por verse en la obligación de volver al antiguo recinto ferial para poder salvar el carnaval, y volver a sentarse a trabajar, una vez más, mano a mano con los colectivos y con los principales actores del carnaval. No desde la imposición, sino desde el diálogo.

El carnaval es murgas y comparsas; es reinas, batucadas, carroceros, diseñadores, técnicos y gente de calle, es tradición, cultura y modernidad de la mano. Se ha logrado sumar a colectivos históricamente olvidados, como los carroceros; se ha apostado por un coso diferente, con decisiones arriesgadas que han funcionado; y se ha potenciado, como nunca antes, el carnaval en la calle.

Porque el carnaval no vive solo de escenarios cerrados. Vive del pulso de la ciudad. Y este año se va a demostrar. El carnaval volverá al centro de Arrecife, se reforzará su presencia en la calle y se apostará por tres escenarios que permitirán diversificar, descentralizar y devolver el protagonismo a la gente, como ya se dará a conocer.

Así de injusta es a veces la política. Basta un imprevisto para poner en duda años de trabajo, crecimiento y transformación. Pero también así de clara debe ser la reflexión: el modelo ha funcionado. Ha hecho crecer el carnaval, las fiestas patronales y las fiestas tradicionales.

A quienes consideran que hoy se da un paso atrás, les digo que solo será para coger impulso. Porque cuando Arrecife se reconoce en sus fiestas, la ciudad responde.

Y eso no debería olvidarse.

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