Las Canarias: el primer horizonte de la mirada europea (siglos XIV-XVI)
- Alfonso Licata, presidente de la Sociedad Dante Alighieri de Canarias

Existe un instante preciso en la historia de Occidente en el que el océano deja de ser un abismo infranqueable para convertirse en una meta de relato. Para las Islas Canarias, ese momento comienza con el rastro de una estela ligure: la de Lanzarotto Malocello. Hacia 1312, Malocello no solo redescubrió el archipiélago para la Europa bajomedieval, sino que, al dar su nombre a la isla de Lanzarote, inauguró una tradición de crónicas que transformarían estas tierras en el primer horizonte de la conciencia colonial y antropológica europea.
Tras la estela de Malocello, la palabra escrita comenzó a organizar el espacio que se abría ante los ojos europeos. El anónimo autor del Libro del Conoscimiento de todos los reinos (1375) fue el gran arquitecto de este imaginario. Este texto es mucho más que un diario de viajes; es un catálogo de soberanía que realiza una operación técnica fundamental: otorga a las Canarias una identidad política mediante la heráldica. El autor describe las islas como entidades geográficas y políticas concretas, rompiendo con la bruma del mito. Por primera vez, se asocian blasones y banderas a estas tierras: en el siglo XIV, asignar un escudo a un territorio significaba incorporarlo al mapa de la diplomacia europea. El Libro describe banderas con diseños geométricos que vinculan el destino de las islas con los intereses de las coronas peninsulares y las realidades africanas.Mientras los navegantes usaban portulanos para la ruta física, el Libro del Conoscimiento permitía a la intelectualidad europea "visualizar" las Canarias como una posesión tangible, expandiendo el horizonte de lo posible entre el Viejo Mundo y el porvenir atlántico.

El siglo XV aporta una nueva capa narrativa con el texto de los franciscanos Jean Le Verrier y Pierre Bontier. Su obra, Le Canarien, documenta la expedición de Jean de Béthencourt y Gadifer de La Salle en 1402. Aquí, el horizonte europeo se vuelve administrativo y militar. A diferencia del tono humanista de Giovanni Boccaccio —quien en su De Canaria (1341) ya había mostrado una asombrosa curiosidad por la dignidad de los nativos—, Le Canarien es un texto de acción: el relato justifica la conquista bajo la bandera de la evangelización, pero no oculta las tensiones internas y las feroces ambiciones de los conquistadores. Los nativos dejan de ser una abstracción para convertirse en una resistencia organizada. El texto detalla sus costumbres, sus estrategias defensivas y su estructura social, sentando las bases de la etnografía moderna en el límite del mundo conocido.
La evolución de la literatura de viajes sobre Canarias compone un mosaico de perspectivas que cruzan continentes:
Ibn Khaldun y Gomes Eanes de Zurara (Sintra) ofrecen una mirada desde la continuidad geográfica africana y la expansión lusa, situando a las islas en el centro de una estrategia imperial.
El veneciano Alvise Cadamosto y el médico alemán Hieronymus Münzer aportan la visión del observador pragmático, registrando el fin de la era aborigen y la integración de las islas en las rutas globales.

El milanés Girolamo Benzoni y el inglés Thomas Nichols cierran esta etapa en el siglo XVI. Benzoni, con una mirada crítica en su Historia del Mondo Nuovo, denuncia los excesos de la conquista, mientras que Nichols analiza las islas como un motor económico de azúcar y vino bajo la mirada del emergente mercantilismo británico.
Finalmente, autores como Sebastian Münster, André Thevet y el erudito Felix Hemmerlin sistematizaron estos relatos en enciclopedias y tratados, convirtiendo a las Canarias en un caso de estudio universal para las universidades europeas.
Las Islas Canarias funcionaron como el primer horizonte donde Europa aprendió a narrar lo desconocido. Desde las naves de Malocello hasta las miniaturas heráldicas del Libro del Conoscimiento, estas crónicas no son solo diarios de viaje; son el registro de cómo una civilización desplazó sus fronteras mentales hacia el océano. Leer estos textos hoy nos permite entender que descubrir una tierra es, sobre todo, una forma de empezar a imaginarla.

Alfonso Licata, presidente de la Sociedad Dante Alighieri de Canarias, presidente del Comité de las Celebraciones del VII Centenario del redescubrimiento de Lanzarote y Canarias por el navegante italiano Lanzarotto Malocello (1312-2012) y académico de Número de la Academia de Ciencias, Ingenieria y Humanidades de Lanzarote