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El ironman y una isla bloqueada: ¿deporte o perjuicio social?

 

Cada año, Lanzarote se convierte en escaparate internacional gracias al Ironman, un evento deportivo de enorme repercusión mediática y turística. Nadie pone en duda la importancia económica y promocional que puede tener para la isla. Sin embargo, también es necesario abrir un debate serio sobre las consecuencias que sufren miles de residentes durante la celebración de esta prueba.

Los cortes de carretera que afectan prácticamente a toda la isla durante horas generan una situación insostenible para muchos ciudadanos. Vecinos que no pueden salir de sus casas, trabajadores atrapados sin posibilidad de desplazarse, personas mayores con dificultades para acudir a citas médicas y familias enteras condicionadas por una planificación que parece priorizar el espectáculo por encima de la vida cotidiana de quienes viven aquí todo el año.

La sensación de muchos residentes es clara: durante el Ironman, Lanzarote deja de pertenecer a sus habitantes. La movilidad queda completamente limitada y numerosos pueblos permanecen prácticamente aislados. Resulta incomprensible que una isla entera tenga que paralizarse hasta este nivel sin que existan alternativas reales de circulación o soluciones eficaces para minimizar el impacto.

El deporte debe convivir con la ciudadanía, no imponerse sobre ella. La imagen internacional de Lanzarote no puede construirse a costa del bienestar y la libertad de movimiento de su población. Es necesario que las instituciones, organizadores y administraciones públicas escuchen también la voz de los residentes, porque detrás del éxito deportivo existe un malestar creciente que cada año se hace más evidente.

Lanzarote merece eventos importantes, sí, pero también merece respeto hacia quienes viven y trabajan en la isla los 365 días del año.

 

Daniel Weitlauer, militante del Comité Local de NC-BC en Tías.

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