Derechos con carita de petrodólares
- Alex Salebe Rodríguez

Sobre las toneladas de cocaína, que, según Estados Unidos, Venezuela controlaba hace apenas ocho meses, hay dos posibilidades: que los gringos, que aparecen en el ranking de mayores consumidores del mundo, se la hayan soplado toda, o que los bombardeos a pequeñas embarcaciones pesqueras en el Caribe, previos a la invasión a la República Bolivariana y secuestro del presidente Nicolás Maduro, fueran una pantomima para apropiarse del petróleo de Venezuela, el país con mayor número de reservas del mundo, estimadas en 300 mil millones de barriles.
El pasado 2 de enero se montó la de dios con el encierro de Maduro y los cantos de “democracia y libertad para Venezuela” interpretados por Trump. De inmediato, la derecha ultra española sacó pitos y banderas a la calle portando fotos de la Nobel María Corina Machado, icono internacional del servilismo.
Para nadie es un secreto que el amor de USA a Venezuela se llama petróleo, o es que todavía nos tragamos el cuento de que su interés es mejorar las condiciones de vida de los venezolanos, primero, y combatir el narcotráfico, después.
La presidenta encargada Delcy Rodríguez fue bendecida por Trump contra todo pronóstico, y con Delcy, Trump acaba de firmar un acuerdo “para convertir esta riqueza (el petróleo) en prosperidad concreta para los venezolanos y venezolanas, garantizando mejores ingresos”, según la moto que está vendiendo la presidenta (e).
El pacto entre los dos nuevos amigos prevé el desarrollo de 17 campos del sector petrolero con un potencial probado de 65.000 millones de barriles. Quién lo iba pensar, Delcy Rodríguez agradeció la “disposición” del presidente, Donald Trump, y del secretario de Estado, Marco Rubio, “para consolidar este proceso de entendimiento mutuo”.
Mientras Rodríguez vende prosperidad futura, Trump se ufana del robo descarado a su querido socio, un acuerdo que el mandatario del bailecito ridículo considera “histórico”, y sí que lo es. USA empieza a controlar 65.000 millones de reservas probadas de petróleo en Venezuela, nada menos que una quinta parte del total de sus reservas.
Trump anuncia que su país notará la reducción sustancial de los precios de la gasolina, aunque con un pero importante, que será “a largo plazo”, sin concretar el tiempo de espera para el bolsillo.
Es tanto el cachondeo trumpista, que el mandatario tachó a Delcy Rodríguez de “muy respetada presidenta” en el momento de anunciar el acuerdo. Y más piropos para Delcy: “Interlocutora válida para negociar”. Delcy pa’ aquí y Delcy pa’ allá.
Por su parte, la joyita de Rubio sostuvo que se trata de “una gran victoria” para ambos pueblos. Este es el nivel de confianza que ahora existe entre dos países que tuvieron tensas relaciones durante los últimos años. La cara amable del acuerdo es una supuesta inversión de USA en Venezuela de 100 mil millones de dólares y más de 210 mil millones en tributos para el Estado. En marzo, USA y Venezuela restablecieron sus relaciones diplomáticas.
Ya el vocablo “dictadura” desapareció de los discursos de Trump, ya la derecha ultra española no habla de pueblo oprimido o de convocatoria de elecciones en Venezuela. Curioso, también desaparecieron de las aguas del Caribe las lanchas al servicio del narcotráfico.
El discurso de Delcy Rodríguez es difícil de entender, sobre todo cuando asegura que su país no hace cesiones a USA. Garantiza que Venezuela conserva su soberanía y propiedad sobre sus recursos en este acuerdo de 25 años. Surgió el amor y que viva el amor. El tiempo seguirá narrando los hechos, pero Trump a Delcy no le mueve la silla.