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La pareja de guirres de Timanfaya vuelve a reproducirse y confirma la "incipiente recuperación" de esta emblemática ave canaria

Los expertos recuerdan que es fundamental respetar los límites de los senderos y disfrutar de la naturaleza en silencio en época de nidificación

Zapata: "Se trata de una excelente noticia para Canarias y para la conservación de nuestra biodiversidad"

 

En 2022 el guirre anidó por primera vez en el Parque Nacional de Timanfaya tras más de veinte años de ausencia. La misma pareja de guirres que volvió a nidificar en 2024 ha vuelto a reproducirse. La noticia confirma "la incipiente recuperación" en Lanzarote de la población de esta especie, que en los años 90 estuvo al borde de la extinción por el uso indiscriminado de venenos y la presión antrópica.

En palabras del consejero de Transición Ecológica y Energía del Gobierno de Canarias, Mariano H. Zapata, "se trata de una excelente noticia para Canarias y para la conservación de nuestra biodiversidad". Según detalló, este acontecimiento da visos de un repunte en la recuperación de esta especie en la isla de Lanzarote, que complementa el importante crecimiento registrado en Fuerteventura en las últimas décadas".

En cuanto a esta pareja de guirres, su reproducción comenzó a principios de enero de 2026 en el mismo territorio de cría que eligieron hace dos años. "En las primeras fechas del año, los guirres dedican casi todo el día a elegir la cueva que usarán para su reproducción, aportar material al nido y reforzar su relación con vuelos conjuntos y cópulas frecuentes", detalla Walo Moreno, técnico de campo que lleva catorce años estudiando el guirre sobre el terreno, en el marco del Programa de Seguimiento promovido por la Dirección General del Medio Natural del Gobierno de Canarias, actualmente cofinanciado por el Programa Canarias FEDER 2021-2027 y que cuenta con el asesoramiento científico de la la Estación Biológica de Doñana del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

La incubación dura 42 días y es la etapa más delicada, compartida casi a partes iguales por los dos miembros de la pareja. La puesta es de un máximo de dos huevos. La presencia de ruidos originados por vehículos motorizados, perros sueltos y otras actividades humanas es percibida por este animal como una molestia y tiene una consecuencia fatal: hace que los guirres abandonen el nido dejando desprotegida la puesta, que tiene pocas probabilidades de prosperar sin un adulto que controle su exposición a los cambios de temperatura y la defienda de los depredadores. Las primeras tres semanas tras el nacimiento de la nidada son igual de delicadas.

"Tenemos que concentrar nuestros esfuerzos en evitar molestias durante este periodo crítico", dicen los expertos. Para lograrlo es fundamental que, especialmente durante la época de nidificación, respetemos las señalizaciones, no salgamos de los senderos marcados y disfrutemos de la naturaleza en silencio". Con la colaboración de la ciudadanía, "podremos ver al pollo volando con sus progenitores setenta días después de su eclosión".

"La tasa de productividad del guirre es de alrededor del 40%: de cada diez parejas controladas que inician la reproducción sólo cuatro sacan adelante el pollo", detalla Walo Moreno. Las causas de esta baja productividad son "múltiples e insuficientemente conocidas", aunque la presión antrópica en las zonas de cría es uno de los factores más relevantes. Gracias a que el Gobierno de Canarias y los Cabildos hicieron caso de las medidas propuestas por el equipo investigador que estudió y diagnosticó el estado de conservación del guirre, la población de esta ave se está recuperando con 30 o 40 nuevos ejemplares cada año", añade.

El guirre es la única rapaz estrictamente carroñera de toda la ornitofauna del Archipiélago canario y el nombre vernáculo que la población aborigen canaria le dio al alimoche (Neophron percnopterus).

En 2002, un estudio dirigido por el investigador José Antonio Donazar concluyó que la población canaria de guirre era una nueva subespecie (Neophron percnopterus majorensis). El único buitre presente en el Archipiélago y en toda la región macaronésica "es morfológica y genéticamente diferente a cualquier otra población homóloga del mundo", presentando alas más largas, una constitución más robusta y un pico más fuerte y alargado, adaptado a la aridez de las islas.

Esta subespecie ha experimentado una importante recuperación en el conjunto de su área de distribución, sobre todo en Fuerteventura donde su población se ha multiplicado por cuatro. En Lanzarote la recuperación ha sido más lenta.

La importancia de esta ave se percibe en la toponimia de toda Canarias. En Lanzarote da nombre a una de las Calderas Quemadas, una alineación de volcanes que sigue la dirección de la fisura que dio lugar a la erupción histórica de Timanfaya.

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