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Estocolmo y Copenhague, las perlas del norte

Una vez más, en el aeropuerto. Con la maleta llena de abrigos e ilusiones, embarco con destino al norte. Al norte de verdad. A Estocolmo y Copenhague, no voy en busca del frío sino de la cultura nórdica. De esa que nos habla del estado del bienestar, de la buena educación, la literatura, el multilingüismo y también, por qué no decirlo, de las guapas rubias.

Dinamarca y Suecia,  aunque están separados por un pequeño estrecho de mar  de 16 kms, se mantienen unidas con el enlace de Oresund que, con un espectacular puente de 7.5  kms y un túnel ponen a Copenhague al alcance, por coche y tren, del sur de Suecia, desde la ciudad de Malmö. En realidad, el sur de Suecia, como saben muy bien los lectores del escritor de novela policiaca Henning Mankel, mantiene una relación más fluida y cotidiana con la capital danesa que con Estocolmo.

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 Hay muchas cosas en las que que coinciden suecos y daneses. Aunque tienen diferencias también importantes. Junto con sus parecidas formas de organización estatal, dos monarquías parlamentarias, sobresalen una apuesta muy sacrificada vía impuestos para contar con un estado de bienestar de los más avanzados del mundo y una moneda, la corona, con igual nombre pero distinto valor. A pesar de su pequeña población inferior en los dos casos a los 10 millones de habitantes, mantienen el sueco y el danés como idiomas vigorosos pero perfectamente complementados con un conocimiento casi universal del inglés. Además, la amabilidad, el trato educado, las calles abiertas a todos con amplias infraestructuras públicas y el buen gusto se repiten en uno y el otro lugar. Estocolmo y Copenhague son, además, dos ciudades fácilmente abarcables porque no son de gran tamaño y la población apenas supera el millón de habitantes. Tienen otra coincidencia, que muchos ignoran, están asentadas, a pesar de los vastos territorios de sus países, en islas. En el caso de Copenhague, en la mayor de las danesas, (exceptuamos Groenlandia, que es otra cosa), en Zelanda, y  Estocolmo es una especie de Venecia del Norte asentada sobre 14 islas que están rodeadas por el lago Mälaren que en invierno se convierte en pista de patinaje por las bajas temperaturas y en verano es un centro de enorme actividad por el abundante tráfico marítimo, especialmente de recreo.

 Estocolmo

 La capital sueca te desborda desde el primer día, desde que llegas a la misma dejando atrás el aeropuerto internacional de Arlanda. Es una ciudad de una belleza arquitectónica incuestionable donde  también los más de 100 museos que tiene te dan un cobijo cultural casi inabarcable. Hasta el propio metro, muy moderno, se convierte en una espectacular galería con sus paredes repletas de exposiciones y buen gusto. Visitar  la isla del viejo Estocolmo, Gamla Stan, nos sumerge en su historia con el Palacio Real de primera referencia pero también con museos y plazas donde perderse y disfrutar un urbanismo muy propio de aquella época. Hay tantas cosas que ver y disfrutar en esas islas de diferentes tamaños y ofertas que no vale este pequeño espacio para dar una imagen de la misma, Aunque se invite con verdadera pasión a su visita y disfrute. Ya sea en verano, con sus largos días y noches claras como en invierno, con bajas temperaturas y días negros y cortos con largas noches.

 Copenhague

 El agua en la capital danesa es mucho más que una referencia insular. Abarca una ciudad llena de canales y puertos donde la famosa sirenita también vive en una orilla. La capital del diseño te sorprende por el minimalismo que la invade, la delicadeza de sus habitantes y la belleza de sus inagotables flores callejeras. Carriles de bici por todos lados con bicicletas para las chicas y chicos, mayores y niños se muestran encantados de una ciudad muy peatonalizada donde el ritmo lo marca el ser humano y no sus máquinas. La enorme biblioteca conocida como el Diamante Negro por su imponente arquitectura, el parque infantil Tivoli, el Ayuntamiento de ladrillo rojo, sus plazas y museos se unen al continuo paseo Stroget  del que se ha dicho siempre que es el más largo del mundo, donde  la vida recreativa se combina con la comercial. Hasta mirar los escaparates, con sus propios diseños y las de sus productos se convierte en una atracción. También el invierno y el verano son como la noche y el día.

 Estocolmo y Copenhague, conocida la primera también por la entrega de los Premios Nobel y la segunda, a partir de ahora, por la Conferencia del Cambio Climático, son una referencia de calidad de vida, belleza y de esfuerzo del hombre por construir espacios altamente habitables allí donde los cambios de temperaturas son difícilmente de entender para quienes vivimos todo el año en tierras de sol y playa.

 Me vuelvo a mi casa con mis propios recuerdos porque no quiero tener únicamente la visión del Estocolmo que me pinta Stig Larson en sus novelas ni el de aquellos que me hablan de los males del norte. De ser así, yo no sé donde hemos estado nosotros para hacerlo tan diferente a ellos y tan mal.

 

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