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Berlín, un viaje en el tiempo

Describir Berlín en un par de líneas es misión imposible porque no se trata de una ciudad, sino de un compilado de fragmentos de pasado y de futuro, de alegorías históricas, de presencias y de ausencias. En este artículo, engrasamos la máquina del tiempo y nos ponemos rumbo al Berlín del pasado, ese que palpita aún por sus calles.

 

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¿Dónde está el centro?

Para comenzar el recorrido, nos situamos en su centro. Pero, esperen: ¿está en la plomiza Alexanderplatz, en Kurfürstendamm o en la modernísima Potsdamer Platz? Nadie lo sabe. Por eso lo mejor es comenzar el recorrido en el barrio de Mitte, a la altura de la Puerta de Brandemburgo, símbolo de la reunificación alemana. En sus inmediaciones se encuentra el Tiergarten, el antiguo coto de caza de la nobleza prusiana, y el Bundestag, ese famoso edificio donde Merkel expone a los parlamentarios germanos el futuro de Europa. Un edificio con muy buenas vistas, por cierto.

"Donde se queman libros se terminan quemando también personas"

El pasado de Berlín es la huella de la guerra, que se evidencia en la falta de edificios antiguos, como los de Madrid o Roma, y en la conservación de pequeños fragmentos de destrucción, como en la parte superior de la Iglesia del Káiser, más conocida como la muela rota.

La sombra del ayer se hace presente en las huellas de los tiempos del nazismo. Todo aquel que conoce a un alemán sabe que hablar de Hitler es meterse en un tema muy espinoso. Ejemplo de ello es Eva Herman, una presentadora estrella de la televisión alemana, despedida en 2007 por afirmar que el nazismo tuvo cosas malas, pero también buenas, como la defensa a la familia.

A pie por las calles llama la atención el edificio de la ópera, devoción de Hitler, o la Universidad Humbold, donde estudiaron intelectuales de la talla de Marx y Einstein. En sus alrededores, un cúmulo de estanterías vacías rememora el momento de la quema de libros por las juventudes nazistas y reza, con las palabras del poeta  Heinrich Hein, "Donde se queman libros se terminan quemando también personas".

En el lugar del Führerbunker, donde Hitler, ya sitiada Berlín por los soviéticos, se quitó la vida junto a su pastor alemán y su reciente esposa, Eva Brown, es un descampado pelado. No hay nada. Porque si algo tienen claro los alemanes es que no van a hacer apología de ese pasaje negro de su historia y, de paso, se evitan la creación de lugares de reunión neonazis.

Sin embargo, uno de los recodos más populares en referencia a esa época es el Monumento al Holocausto. Un espacio cuadrado, en medio de la ciudad, con pilones de distintos tamaños y un suelo irregular donde el transeúnte se pierde en un laberinto gris que, cuanto menos, produce congoja.

“Escapar es la madre de los inventos”

Todavía anclados en el pasado, la otra visita obligada es el muro de Berlín, que nos lleva a los tiempos del telón de acero. Mientras media ciudad vivía el liberalismo económico y se conectaba al mundo, la otra mitad permanecía aislada y vigilada. Desde el museo del Checkpoint Charlie nos sumergimos en las gestas de escape. En un pequeño letrero se lee: “Escapar es la madre de los inventos”. Uno los más llamativos, el plan de huída desde la RDA de una familia en la cesta de un globo aerostático.

Pero el paseo más agradable, el menos grave, es el de la East-Side Gallery, donde un pedazo de muro hace las veces de lienzo para murales que enarbolan valores como la libertad o que se mofan del que podría ser el beso de tornillo más famoso de la Historia, entre Breznev, jefe de Estado de la URSS y Honecker, presidente de la Alemania oriental.

Si seguimos jugando con la máquina del tiempo es factible ir mucho mucho más atrás. Si caminamos en los márgenes del Río Spree y nos internamos en la isla de los Museos, podemos recorrer toda la Historia de Alemania (Deutsches Historisches Museum), presenciar el busto de Nefertiti (Neues Museum) o sobrecogernos ante la magnificencia de las Puertas de la antigua Babilonia (Pergamonmuseum). Pero a estas tecnologías transtemporales se les acaba rápido el combustible y nos toca volver de regreso al futuro. Espero que hayan disfrutado el viaje.

 

 

 

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