El gobierno más inestable
- Manuel García Déniz

Casi tres años después de tomar posesión, apenas a uno de volver a las urnas, el grupo de gobierno del Ayuntamiento de Teguise, lejos de ir ensamblándose, da una imagen de inestabilidad como ningún otro. Y lo peor de todo es que son ellos mismos los que se empeñan en denunciar su fracaso como grupo y su incapacidad para afrontar los problemas del municipio. No parece de recibo que sean los propios concejales con sueldo y competencias los que se empeñen en cuestionar el funcionamiento del grupo y de hacerlo públicamente, en lugar de incluir sus lamentaciones como tema en los foros internos. Cuando se llega a ese punto, no cabe otra cosa que la dimisión o el cese. O el caos.
No voy a decir que Teguise se está quedando atrás, porque tampoco tengo la impresión de que en el resto de municipios se esté yendo a marchas forzadas. Pero sí es cierto que los amagos y movimientos de algunos de sus concejales (pongamos por caso que pienso en Ginés y Alejandro) evidencian un malestar y un desgobierno que deja poco espacio a la duda. Seguramente, la persona más triste con este comportamiento sea la propia alcaldesa, Olivia Duque, que firmó un pacto con el PP y el exconcejal de Vox convencida de tener la mayoría y un equipo para relanzarse políticamente. Y, la verdad, es que no ha conseguido levantar cabeza del lodazal que le dejó el anterior alcalde, hoy presidente del Cabildo.
La herencia nacionalista no solo dejó a Olivia Duque sin mayoría absoluta. Ha tenido, además, que soportar ser alcaldesa sin ni tan siquiera haber sido la más votada. Situación que le recuerda cada vez que puede y más el socialista Marcos Bergaz, que sacó más votos que ella y se ve cada vez más cerca de presidir el Ayuntamiento. Bergaz, al revés que el grupo de gobierno, no tiene tiempo para el desaliento y agradece que esos movimientos erráticos en el grupo de gobierno vengan a darles la razón a sus críticas. De hecho, esta falta de entusiasmo gubernativo puede costarle a Olivia su candidatura y, de salvarla, hasta la propia Alcaldía en las próximas elecciones.
La única explicación que tienen los comportamientos de estos concejales, salvados los de presiones a su propio grupo que consideran débil, es la de sacudirse la responsabilidad de la gestión que se haya podido hacer. Que sepan que no levantan cabeza y hayan querido dejar claro que ellos no son responsables de nada porque no les han dejado hacer nada. Y si es así, ya no hay nada que hacer. Sin dimisiones, sin ceses, todo seguirá igual. Y no va bien.