
El consejero del Consejo Insular de Aguas, entre otras muchas responsabilidades cabildicias, Andrés Stinga, decía hace unos días en un medio de comunicación que antes de hacer cualquier tipo de intervención en la vieja presa de Mala para su recuperación habría que hablar con su dueño, “porque tiene un dueño”. Seguro que Stinga estaría hablando de un presunto propietario, posible heredero de los dueños de los terrenos del lugar antes de construirse, porque está más que documentado que esa fue una obra pública ejecutada por el sector público en los tiempos de Franco, en la década de los setenta.