¿Y a mí cuándo me van a hacer el test?

Parte de guerra (10)
- Escrito por MANUEL GARCÍA DÉNIZ


Hoy que abandonamos la Semana Santa y justo cuando casi se ha cumplido un mes del inicio del decreto que nos obliga a permanecer en casa y que restringe nuestras libertades por el nada despreciable precio de salvar vidas humanas, me asaltan reflexiones y pensamientos en voz alta que ¿por qué no? Me gustaría compartir en estas líneas.
Y cuando digo “alturas” me refiero a algo tan poco idílico como la azotea de mi casa. Un espacio habitualmente reservado para menesteres prosaicos y para acumular trastos en los correspondientes cuartos y que, por mor del Coronavirus y el obligado enclaustramiento generalizado, se ha convertido en territorio de asueto colectivo para los vecinos (con estrictos turnos y distancias de seguridad, por supuesto). Cuartos que, envueltos en polvo y abandonados a su suerte, han mutado casi por arte de magia, por ejemplo, en coqueto estudio de pintura. Pintura pausada, quizás por el carácter de la aprendiz de pintora, quizás por solo disponer de un lienzo que se pretende alargar hasta el fin del confinamiento.
La pandemia que asola el planeta tiene a media humanidad confinada en sus casas y a buena parte de la actividad económica y empresarial con el freno de mano puesto. Todos los datos que vamos conociendo procedentes de los organismos internacionales vaticinan una gran recesión impuesta por la crisis sanitaria global que, probablemente, conllevará una brutal reconversión de la economía. Para esto ninguno estábamos preparados, así que se nos presenta por delante una tarea realmente extraordinaria.

El Ayuntamiento de Tías, a través del área de Cementerio que dirige Pepa González, colocó ayer una corona en la puerta del camposanto "en memoria de todos los fallecidos" y en consideración a las personas que desean llevar flores y no pueden debido al confinamiento domiciliario decretado para combatir la expansión del coronavirus Covid-19.
Los bulos siempre han existido pero con la misma facilidad que se propagan, los podemos desmontar con escaso esfuerzo.

Antes de que el dedo acusador de algún liberal envuelto en la bandera tricolor me señale como un traidor a la patria, aclaro que se hace absolutamente necesario, no solo la implicación del Gobierno de España en la recuperación económica de Canarias, sino también que la Unión Europea deje de actuar como un consejo de administración y se descubra a sí misma como la verdadera arquitecta del Estado del bienestar y, quizá porque ya no tenga otra salida, tendrá que reconocer que la economía no es una ciencia exacta.

La crisis que está sufriendo prácticamente toda la humanidad y, particularmente nuestro país y Canarias por el Covid-19, no tiene parangón. A pesar de las sombras, que no son pocas, en la gestión estatal de la crisis sanitaria, lo cierto es que la impresionante labor que se está llevando a cabo por nuestros Sanitarios, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y, en general, por todas esas personas que sostienen los servicios esenciales, es un rayo de esperanza para poder levantarnos con más fuerza y determinación.

El 6 de abril de 1995 por el Gobierno de Canarias se promulgó la Ley 8/1995 de Accesibilidad y supresión de Barreras Físicas y de la Comunicación para las personas que tengan limitadas sus posibilidades de movimiento y/o de comunicación.