No me gusta nada, no me creo nada

La salida de la pandemia nos ha dejado en un mundo irreconocible. Y aunque los peores agoreros avisaban de que las vacunas nos inocularían chips para controlarnos y demás bazofias, a mí me preocupa qué se han inoculado los dirigentes mundiales en los dos años que estuvimos entre casa y el hospital, con la cara tapada y las manos recién lavadas. No sé en qué momento la diplomacia y los foros internacionales se declararon insuficientes para atender las demandas de los países estado y se busca un nuevo orden económico y político con exhibiciones belicistas al más puro estilo de finales de los años treinta del siglo pasado.
- Escrito por MANUEL GARCÍA DÉNIZ







