Niños

Veo en la televisión una madre judía llorar por la muerte de su hija en el ataque terrorista de Hamas y me pongo a llorar también. Al rato, veo una mujer musulmana destrozada de dolor por la muerte de su hijo, por el bombardeo indiscriminado de Israel y se me escapan también las lágrimas. Me pasa con frecuencia. El mundo está lleno de atropellos contra los niños, contra los indefensos, un ejército civil no reglado cuyas principales armas son su inocencia y su sonrisa. Por ende, los informativos están llenos de noticias así. Depravados que usan a niños, incluso a bebés, para actos de abuso sexual. Milicias que llenan sus trincheras de niños que drogan y enseñan a matar antes que a leer. Y yo no paro de llorar. No hay mayor amargura que perder a un hijo, a una hija. Sufrí de cerca la experiencia de mis padres con tres de mis hermanos. Hacerse la idea de imágenes donde se abusa, droga o mata a un hijo de alguien en plena infancia es de las tareas más dolorosas. Y donde salta con más naturalidad la solidaridad con los damnificados y sus familiares.
- Escrito por MANUEL GARCÍA DÉNIZ










